José Antonio Hernández Guerrero
La mayoría de las tertulias radiofónicas que, sobre los debates y mítines políticos, he escuchado en los últimos días han enfocado sus juicios críticos a partir de unos presupuestos simplistas, inadecuados y, en consecuencia, ineficaces. En las discusiones sobre los ganadores, aplican los mismos criterios que se emplean para decidir el triunfador de los combates de boxeo: unos opinan, por ejemplo, que Zapatero, más frío y más calculador, no sólo esquiva con habilidad los golpes que Rajoy trata de propinarle con el puño derecho, sino que logra imponer su propio ritmo evitando en todo momento que su adversario dañe, con directos o cross, sus flancos más débiles.
Otros analistas, por el contrario, muestran su convicción de que Rajoy es quien, recurriendo una y otra vez al crochet, se atreve a impactar en la cara y, a veces, en el hígado y en los riñones de Zapatero. La mayoría de los comentarios, sin embargo, coincide en que son combates nulos porque ambos contendientes se reparten los puntos.
En mi opinión, esta manera de analizar los debates políticos es inadecuada y, en la actual situación económica y política, altamente peligrosa. Un debate dialéctico no es un combate, un juego divertido ni una competición deportiva. Los que así lo interpretan olvidan que el enemigo al que ambos líderes han de vencer no es el adversario político sino la crisis financiera, el paro, la miseria, la desconfianza de los electores y el temor paralizante de los inversores.
Muy poco se conseguirá mientras que esa pléyade de asesores, de portavoces y demás miembros del séquito de la fontanería política sigan preparando los debates como lo hacen los entrenadores boxísticos, señalando los flancos por los que han de atacar al adversario con el fin de “matarlo” y “rematarlo”, para dejarlo “listo para el descabello y preparado para el arrastre”. Tenemos la impresión de que estos gabinetes de imagen sólo pretenden que, tras cada confrontación, ellos mismos puedan proclamar que su líder ha sido el vencedor y, así, intentar que los periodistas independientes se anticipen y lancen un veredicto desfavorable.
Mucho me temo que, mientras que no cambien los presupuestos dialécticos de estos debates, no sólo serán inútiles sino que servirán para aumentar el descrédito de los políticos y, lo que es peor, para alejar a los ciudadanos de una participación política que, por definición, es imprescindible en una sociedad democrática.
Los líderes de opinión han de explicar con claridad, por ejemplo, que el Congreso de Diputados no es un cuadrilátero sino un recinto en el que, mediante el empleo de la palabra, nuestros representantes dialoguen para lograr acuerdos, para concertar remedios comunes, para convenir en soluciones aceptables. Es lamentable que este planteamiento, abalado por el sentido común y por el testimonios de los autores clásicos, nos suene a ingenua utopía, pero, al menos, deberíamos recordar que, igual que aquellos “Acuerdos de la Moncloa”, la actual situación económica y política, exige que, unos y otros abandonen sus intereses partidistas, aparquen sus ansias electoralistas y aprovechen estas reuniones para cumplir el encargo que los ciudadanos les hemos encomendado.
viernes, 29 de mayo de 2009
Feto, teto y voto
Voy a usar, intencionadamente, un lenguajo, un jergo sexisto y machisto. Es el único manero de entender, de interpretar, los últimos "paridos" del miembro Bibiano.
Pues eso. Que el feto de trece semanos no es un ser humano. Que el embarazo interrupto es lo mismo que un implante de tetos.
Y que -lo ha dicho el jefo, el del vuelo a Dos Hermanos en Falcon- ni el Papo ni los papos, ni el progenitor A ni el progenitor B, deben "interferir" en estos temos... Sólo el Papo Estado, el Papo Gobierno... ¡faltaría más!
Él es el único legitimado como "educador del ciudadanío", del colectivo, del rebaño...
¿Y yo que me barrunto que aquí lo único que se persigue, se pretende,
es que trepen los políticos al cargueto, al poltrono, aupados por los votos de los progresistos, los moennos, manipulados, pesebreros, ignorantos y cautivos?
Bueno, pues eso. Que "feto, teto y voto".
Y pasto televisivo p'al rebaño estabulado.
LUISUAREZ. INGENUO
Luis J. Suárez Alvarez
DNI 31062170
Pues eso. Que el feto de trece semanos no es un ser humano. Que el embarazo interrupto es lo mismo que un implante de tetos.
Y que -lo ha dicho el jefo, el del vuelo a Dos Hermanos en Falcon- ni el Papo ni los papos, ni el progenitor A ni el progenitor B, deben "interferir" en estos temos... Sólo el Papo Estado, el Papo Gobierno... ¡faltaría más!
Él es el único legitimado como "educador del ciudadanío", del colectivo, del rebaño...
¿Y yo que me barrunto que aquí lo único que se persigue, se pretende,
es que trepen los políticos al cargueto, al poltrono, aupados por los votos de los progresistos, los moennos, manipulados, pesebreros, ignorantos y cautivos?
Bueno, pues eso. Que "feto, teto y voto".
Y pasto televisivo p'al rebaño estabulado.
LUISUAREZ. INGENUO
Luis J. Suárez Alvarez
DNI 31062170
La "miembra ignoranta"
Esta chica no para. Después de su aportación a la filología y la gramática con el palabro "miembra", acaba de descolgarse con esa hipótesis científica que supone un avance, un progreso importantísimo en el campo de la Biología y la Medicina actual...
Pues eso. Que según la "Doctora Bibiana": "el feto de trece semanas no es un ser humano".Es la mentalidad (¡?) dominante -nada científica, simplemente cientista- que padecemos.
Cualquier ministriya con alcachofa, cámaras y focos colocados ante su boquita, narices o narizas, puede expeler, magnificadas audiovisualmente, tamañas "pamplinas de la plaza Mina"...
Esta "Doctora por Alcalá"...¡de los Gazules! ha pontificado: el feto de trece semanas no es un ser humano, ni una "sera" humana...
¡Toma nísperos! Y se ha quedado tan pancha.
Lo cual demuestra, una vez más, que "la ignorancia es muy atrevida".
O, para decirlo como en los crucigramas, la Aido, la Aida -da igual que Igual Da- es una IGNORANTA y una OSADA.
LUISUAREZ. INGENUO
Luis J. Suárez Alvarez
DNI 31062170 Cádiz
VACACIONES SANTILLANA. José María García Linares
Es alentador comprobar, para un docente, el altísimo grado de implicación que la sociedad y el Estado españoles están demostrando en las últimas semanas en materia de educación. Qué orgullo al abrir los periódicos y encontrar todo el debate reducido a la lucha Religión/Educación para la Ciudanía, o lo que es lo mismo, como siempre en estas tierras, Partido Popular/Partido Socialista (o estás con nosotros o estás contra nosotros), o encontrarlo también centrado en el largo periodo vacacional de los profesores y los alumnos. Sí señor. Cuestiones de primer orden. Eso es lanzarse a la piscina, nunca mejor dicho, y empaparse hasta las cejas.
Qué rabia me daba de pequeño ir al colegio. No era yo como estos niños postmodernos de hoy en día que se aburren en sus casas y están locos por ver a sus amiguitos en el recreo. No. Yo, en caso de verlos, prefería hacerlo en el parque, en el Club o en la playa. Al aire libre, en grandes espacios, corriendo, saltando y sin muros ni verjas ni señores mayores que te contaban lo mismo que podías leer en esos libros, salvo contadas excepciones que lograban captar tu atención y llevarte de aquí para allá en un viaje fascinante.
Cuando llegaba el mes de junio, ya tenía esa cosilla en mi estómago cada vez que veía el cielo azul o sentía esa luz melillense tostadita en el cogote al pasear por la Avenida. Olía a verano, a paz, a felicidad. En los escaparates, esos cuadernillos espantosos de Santillana para repasar y divertirse (por Dios) en julio y agosto. A mis hermanas y a mí no nos hacían falta, que ya estaban nuestro padres poniéndonos todos los días cuentas y copias, para que no se nos secara, a pesar de los chapuzones, la mollera.
El pasado día cinco de febrero el diario El País publicaba un artículo titulado Demasiadas vacaciones en donde se criticaba no sólo las de los profesores, sino también el poco número de días lectivos de los estudiantes.
Algunos proponían ahí alargar el final del curso, otros adelantar su comienzo y, como telón de fondo, el problema que tienen los padres actualmente para conciliar su vida laboral con la familia, al parecer responsabilidad de los centros y no de sus empresas, esto es, qué diantres hago con la niña-molestia cuando le den las vacaciones. ¿A dónde la mando? Y leía estas argumentaciones mientras hacía la cola en el Ayuntamiento para recoger un certificado. De cuatro mostradores, sólo funcionaba uno. Hay que ver lo que tardan en servir los desayunos en las cafeterías.
Las vacaciones de nuestros jóvenes son distintas a la de los chicos y chicas de otros países, algo evidente porque aquí no se puede tener a treinta estudiantes metidos en un aula sin cortinas y sin aire acondicionado a finales de junio. El calor es insoportable. Comparar esta situación con la finlandesa o la sueca es poco provechoso. Pero es que a principios de septiembre la temperatura, al menos en el sur de España, es igual, agobiante.
Los que piden adelantar el comienzo al día uno del mismo mes olvidan también que en esas fechas están los exámenes de recuperación y que las plantillas de profesionales están incompletas. Lo que escuece de todo este asunto es que el debate haya saltado nuevamente a los medios por motivos que nada tienen que ver con la enseñanza.
Las familias quieren tener los centros más tiempo abierto para tener allí aparcaditos y cuidaditos a sus criaturas (que, curiosamente, son suyas. Algunos lo olvidan). Y digo aparcados porque da igual que aprendan más o menos (casi nadie trae la tarea hecha), que no haya ordenadores, que haya saturación, que las ratios sean elevadísimas, que falten recursos de todo tipo.
Lo que importa, lamentablemente, es que estén allí vigilados porque así no estarán fuera, solos, de ahí la propuesta de varias CCAA de tener los colegios e institutos abiertos por las tardes, o casi de madrugada. La docencia tiene una función fundamental y valiosísima, si se deja ejercerla: la de enseñar. Todo lo que se salga de ese marco no es tarea de los docentes.
Tal y como se están poniendo las cosas, un alumno puede llegar a su colegio a las siete de la mañana, en régimen de acogida temprana, recibir sus seis horas de clase, comer a las dos y media y realizar las actividades extraescolares hasta las seis de la tarde, supuestamente controlados por personal distinto al de los profesores, nos dicen los expertos. Esto huele a podrido.
Todos estos pedagogos, presidentes de no sé qué, coordinadores de no sé cuánto que, o están liberados o no han dado clase en su vida, ¿no tienen nada que decir sobre el hecho de tener a un chico encerrado diariamente casi doce horas en un centro? La solución a los problemas sociales no la tiene en exclusividad la escuela. ¿El Estado no va a hacer nada para que los empresarios flexibilicen los horarios y turnos de sus trabajadores, para que puedan disfrutar de sus hijos? Ya está bien de echar sobre la enseñanza todas las responsabilidades sociales.
A este paso, en cinco años, estaremos presentes en los partos para registrar la llegada de un nuevo alumno y evitar el fracaso neonato y el absentismo en las incubadoras.
Qué rabia me daba de pequeño ir al colegio. No era yo como estos niños postmodernos de hoy en día que se aburren en sus casas y están locos por ver a sus amiguitos en el recreo. No. Yo, en caso de verlos, prefería hacerlo en el parque, en el Club o en la playa. Al aire libre, en grandes espacios, corriendo, saltando y sin muros ni verjas ni señores mayores que te contaban lo mismo que podías leer en esos libros, salvo contadas excepciones que lograban captar tu atención y llevarte de aquí para allá en un viaje fascinante.
Cuando llegaba el mes de junio, ya tenía esa cosilla en mi estómago cada vez que veía el cielo azul o sentía esa luz melillense tostadita en el cogote al pasear por la Avenida. Olía a verano, a paz, a felicidad. En los escaparates, esos cuadernillos espantosos de Santillana para repasar y divertirse (por Dios) en julio y agosto. A mis hermanas y a mí no nos hacían falta, que ya estaban nuestro padres poniéndonos todos los días cuentas y copias, para que no se nos secara, a pesar de los chapuzones, la mollera.
El pasado día cinco de febrero el diario El País publicaba un artículo titulado Demasiadas vacaciones en donde se criticaba no sólo las de los profesores, sino también el poco número de días lectivos de los estudiantes.
Algunos proponían ahí alargar el final del curso, otros adelantar su comienzo y, como telón de fondo, el problema que tienen los padres actualmente para conciliar su vida laboral con la familia, al parecer responsabilidad de los centros y no de sus empresas, esto es, qué diantres hago con la niña-molestia cuando le den las vacaciones. ¿A dónde la mando? Y leía estas argumentaciones mientras hacía la cola en el Ayuntamiento para recoger un certificado. De cuatro mostradores, sólo funcionaba uno. Hay que ver lo que tardan en servir los desayunos en las cafeterías.
Las vacaciones de nuestros jóvenes son distintas a la de los chicos y chicas de otros países, algo evidente porque aquí no se puede tener a treinta estudiantes metidos en un aula sin cortinas y sin aire acondicionado a finales de junio. El calor es insoportable. Comparar esta situación con la finlandesa o la sueca es poco provechoso. Pero es que a principios de septiembre la temperatura, al menos en el sur de España, es igual, agobiante.
Los que piden adelantar el comienzo al día uno del mismo mes olvidan también que en esas fechas están los exámenes de recuperación y que las plantillas de profesionales están incompletas. Lo que escuece de todo este asunto es que el debate haya saltado nuevamente a los medios por motivos que nada tienen que ver con la enseñanza.
Las familias quieren tener los centros más tiempo abierto para tener allí aparcaditos y cuidaditos a sus criaturas (que, curiosamente, son suyas. Algunos lo olvidan). Y digo aparcados porque da igual que aprendan más o menos (casi nadie trae la tarea hecha), que no haya ordenadores, que haya saturación, que las ratios sean elevadísimas, que falten recursos de todo tipo.
Lo que importa, lamentablemente, es que estén allí vigilados porque así no estarán fuera, solos, de ahí la propuesta de varias CCAA de tener los colegios e institutos abiertos por las tardes, o casi de madrugada. La docencia tiene una función fundamental y valiosísima, si se deja ejercerla: la de enseñar. Todo lo que se salga de ese marco no es tarea de los docentes.
Tal y como se están poniendo las cosas, un alumno puede llegar a su colegio a las siete de la mañana, en régimen de acogida temprana, recibir sus seis horas de clase, comer a las dos y media y realizar las actividades extraescolares hasta las seis de la tarde, supuestamente controlados por personal distinto al de los profesores, nos dicen los expertos. Esto huele a podrido.
Todos estos pedagogos, presidentes de no sé qué, coordinadores de no sé cuánto que, o están liberados o no han dado clase en su vida, ¿no tienen nada que decir sobre el hecho de tener a un chico encerrado diariamente casi doce horas en un centro? La solución a los problemas sociales no la tiene en exclusividad la escuela. ¿El Estado no va a hacer nada para que los empresarios flexibilicen los horarios y turnos de sus trabajadores, para que puedan disfrutar de sus hijos? Ya está bien de echar sobre la enseñanza todas las responsabilidades sociales.
A este paso, en cinco años, estaremos presentes en los partos para registrar la llegada de un nuevo alumno y evitar el fracaso neonato y el absentismo en las incubadoras.
jueves, 28 de mayo de 2009
Una manera inofensiva de disfrutar
Una manera inofensiva de disfrutar
Nos sentimos contentos
José Antonio Hernández Guerrero
Hemos de reconocer que la honda y desbordada alegría que hemos experimentado los aficionados gaditanos por el ascenso del Cádiz hunde sus raíces en el convencimiento que le Club es mucho más que un equipo de fútbol: los colores azul y amarillo simbolizan nuestras ganas colectivas de triunfar en la vida, y, efectivamente, tenemos la sensación de que, a pesar de la crisis, todos hemos ascendido. Durante estos últimos días me he fijado en el orgullo con el que los aficionados recuerdan el pasado y la emoción con la que evocan, sobre todo, los triunfos, pero también he advertido que disfrutan, sobre todo, ilusionándose con nuevos triunfos y, algunos, con la esperanza de ascender a la Primera Division. Quizás estas emociones expliquen por qué la sala de trofeos se ha convertido en un verdadero museo que guardan reliquias añejas y cómo, igual que ocurre en algunos santuarios, la tienda instalada al lado ha aumentado las ventas de camisetas, bufandas, cuadernos, lapiceros y hasta de gomas de borrar. Todos coincidimos en que, de hecho, un equipo de fútbol es una plataforma dotada de una enigmática energía y de un inquietante misterio, un soporte que posee una amplia capacidad para unir a hombres y a mujeres de diferentes clases sociales, de distintas ideologías políticas y de diversos niveles culturales. El fútbol, con ese surrealismo vitalista, representa la vida cotidiana, ese inquietante rompecabezas del que todos estamos hechos. Un partido es, a veces, rabiosamente épico, otras, elevadamente lírico y otras, hondamente dramático. Éstas pueden ser las razones por las que acudimos a este escenario: aquí -¿verdad Felicidad?- descansamos de la insípida y reiterativa comedia de la vida; aquí hacemos una pausa en medio de las alarmantes noticias del telediario, de las frívolas informaciones del mundo rosa y de las tertulias de cotilleo. Ésta es, al menos, una manera ingenua e inofensiva de sentirnos importantes y contentos.
Nos sentimos contentos
José Antonio Hernández Guerrero
Hemos de reconocer que la honda y desbordada alegría que hemos experimentado los aficionados gaditanos por el ascenso del Cádiz hunde sus raíces en el convencimiento que le Club es mucho más que un equipo de fútbol: los colores azul y amarillo simbolizan nuestras ganas colectivas de triunfar en la vida, y, efectivamente, tenemos la sensación de que, a pesar de la crisis, todos hemos ascendido. Durante estos últimos días me he fijado en el orgullo con el que los aficionados recuerdan el pasado y la emoción con la que evocan, sobre todo, los triunfos, pero también he advertido que disfrutan, sobre todo, ilusionándose con nuevos triunfos y, algunos, con la esperanza de ascender a la Primera Division. Quizás estas emociones expliquen por qué la sala de trofeos se ha convertido en un verdadero museo que guardan reliquias añejas y cómo, igual que ocurre en algunos santuarios, la tienda instalada al lado ha aumentado las ventas de camisetas, bufandas, cuadernos, lapiceros y hasta de gomas de borrar. Todos coincidimos en que, de hecho, un equipo de fútbol es una plataforma dotada de una enigmática energía y de un inquietante misterio, un soporte que posee una amplia capacidad para unir a hombres y a mujeres de diferentes clases sociales, de distintas ideologías políticas y de diversos niveles culturales. El fútbol, con ese surrealismo vitalista, representa la vida cotidiana, ese inquietante rompecabezas del que todos estamos hechos. Un partido es, a veces, rabiosamente épico, otras, elevadamente lírico y otras, hondamente dramático. Éstas pueden ser las razones por las que acudimos a este escenario: aquí -¿verdad Felicidad?- descansamos de la insípida y reiterativa comedia de la vida; aquí hacemos una pausa en medio de las alarmantes noticias del telediario, de las frívolas informaciones del mundo rosa y de las tertulias de cotilleo. Ésta es, al menos, una manera ingenua e inofensiva de sentirnos importantes y contentos.
domingo, 24 de mayo de 2009
EQUILIBRIO AL DEBATIR SOBRE EL ABORTO. Juan Masiá Clavel, teólogo, bioeticista
Fuente: Religión Digital
Sin caer en la trampa del dilema entre pro-life y pro-choice, bastantes personas (incluyendo representantes con responsabilidades parlamentarias de diversa pertenencia, confesional o aconfesional, así como de diversa afiliación partidista dentro del espectro político), preocupadas seriamente por proteger la vida, la dignidad y los derechos de cada ser humano, coinciden en buscar la via media para debatir serenamente. Con el deseo de apoyar su discernimiento, propongo el siguiente decálogo de criterios éticos.
1. Buscar convergencia pro-persona en posturas divergentes ante el aborto.Posturas opuestas pueden, sin embargo, coincidir al afirmar que el aborto no es deseable, ni aconsejable; que hay que unir fuerzas para desarraigar sus causas; que nadie debe sufrir coacción para abortar contra su voluntad; y que debe mejorarse la educación sexual para prevenir el aborto.
2. No confundir delito, mal y pecado Rechazar desde la propia conciencia el mal moral del aborto puede ser compatible con admitir la posibilidad de que, en determinadas circunstancias, las leyes no lo penalicen como delito. El apoyo a esas despenalizaciones no tiene que identificarse necesariamente con favorecer el aborto a la ligera, ni considerarlo deseable para la mujer.
3. No ideologizar el debate, ni política ni religiosamente. Evitar agresividad y violencia contra cualquiera de las partes y no hacer bandera ideológica de esta polémica por razones políticas o por razones religiosas. Ni deja de ser un mal moral cuando la ley no lo penaliza, ni la razón de considerarlo mal moral depende de una determinación religiosa.
4. Dejar margen para excepciones inéditas en situaciones confictivas. Las situaciones límite no deberían formularse como colisión de derechos entre madre y feto, sino como conflicto de deberes en el interior de la conciencia de quienes quieren (incluída la madre) proteger las vidas de madre y feto. En los casos trágicos no hay soluciones prefabricadas. Las campañas de mal gusto –por ambos extremos, pro-abortistas y anti-abortistas- no ayudan al debate.
5. Acompañar personas antes de juzgar casosNi las religiones deberían enarbolar banderas de excomunión, ni las presuntas posturas defensoras de la mujer deberían jugar demagógicamente con la apelación a derechos ilimitados de ésta para decidir sobre su cuerpo en supuesta colisión con la exigencia de respeto por parte del feto. El aconsejamiento moral o religioso puede acompañar a las personas en sus tomas de decisión, pero sin decidir en su lugar ni condenarlas.
6. Comprender la vida naciente como proceso. La vida naciente en sus primeras fases no está plenamente constituída como para exigir el tratamiento correspondiente al estatuto personal, pero eso no significa que pueda considerarse el feto como mera parte del cuerpo materno, ni como realidad parásita alojada en él. La interacción embrio-materna es decisiva para la constitución de la nueva vida naciente y merece el máximo respeto y cuidado: a medida que se aproxima el tercer mes de embarazo aumenta progresivamente la exigencia de ayudar a que éste se lleve a término.
Para evitar confusiones al hablar de protección de la vida, téngase presente la distinción entre materia viva de la especie humana (p.e., el blastocisto antes de la anidación) y una vida humana individual (p.e., el feto, más allá de la octava semana).
7. Confrontar las causas sociales de los abortos no deseados. No se pueden ignorar las situaciones dramáticas de gestaciones de adolescentes, sobre todo cuando son consecuencia de abusos. Sin generalizar, ni aplicar indiscriminadamente el mismo criterio para otros casos, hay que reconocer lo trágico de estas situaciones y debatir ampliamente sobre cómo abordar el problema social del aborto, cómo reprimir sus causas y cómo ayudar a su disminución.
8. Afrontar los problemas psicológicos de los abortos traumaticosEs importante prestar asistencia psicológica y social a aquellas personas a las que su toma de decisión dejó cicatrices que necesitan sanación. No hay que confundir la contracepción de emergencia con el aborto. Pero sería deseable que la administración de recursos de emergencia como la llamada píldora del día siguiente fuese acompañada del oportuno aconsejamiento médico-psicológicos.
9. Cuestionar el cambio de mentalidad cultural en torno al aborto. Repensar el cambio que supone el ambiente favorable a la permisividad del aborto y el daño que eso hace a nuestras culturas y sociedades.
10. Tomar en serio la contracepcion, aun reconociento sus límitaciones.Fomentar educación sexual con buena pedagogía, enseñar el uso eficaz de recursos anticonceptivos y la responsabilidad del varón, sin que la carga del control recaiga solo en la mujer. Sin tomar en serio la anticoncepción, no hay credibilidad para oponerse al aborto; hay que fomentar la educación sexual integral, que abarque desde higiene y psicología hasta implicaciones sociales, e incluya suficiente conocimiento de recursos contraceptivos, interceptivos y contragestativos
Sin caer en la trampa del dilema entre pro-life y pro-choice, bastantes personas (incluyendo representantes con responsabilidades parlamentarias de diversa pertenencia, confesional o aconfesional, así como de diversa afiliación partidista dentro del espectro político), preocupadas seriamente por proteger la vida, la dignidad y los derechos de cada ser humano, coinciden en buscar la via media para debatir serenamente. Con el deseo de apoyar su discernimiento, propongo el siguiente decálogo de criterios éticos.
1. Buscar convergencia pro-persona en posturas divergentes ante el aborto.Posturas opuestas pueden, sin embargo, coincidir al afirmar que el aborto no es deseable, ni aconsejable; que hay que unir fuerzas para desarraigar sus causas; que nadie debe sufrir coacción para abortar contra su voluntad; y que debe mejorarse la educación sexual para prevenir el aborto.
2. No confundir delito, mal y pecado Rechazar desde la propia conciencia el mal moral del aborto puede ser compatible con admitir la posibilidad de que, en determinadas circunstancias, las leyes no lo penalicen como delito. El apoyo a esas despenalizaciones no tiene que identificarse necesariamente con favorecer el aborto a la ligera, ni considerarlo deseable para la mujer.
3. No ideologizar el debate, ni política ni religiosamente. Evitar agresividad y violencia contra cualquiera de las partes y no hacer bandera ideológica de esta polémica por razones políticas o por razones religiosas. Ni deja de ser un mal moral cuando la ley no lo penaliza, ni la razón de considerarlo mal moral depende de una determinación religiosa.
4. Dejar margen para excepciones inéditas en situaciones confictivas. Las situaciones límite no deberían formularse como colisión de derechos entre madre y feto, sino como conflicto de deberes en el interior de la conciencia de quienes quieren (incluída la madre) proteger las vidas de madre y feto. En los casos trágicos no hay soluciones prefabricadas. Las campañas de mal gusto –por ambos extremos, pro-abortistas y anti-abortistas- no ayudan al debate.
5. Acompañar personas antes de juzgar casosNi las religiones deberían enarbolar banderas de excomunión, ni las presuntas posturas defensoras de la mujer deberían jugar demagógicamente con la apelación a derechos ilimitados de ésta para decidir sobre su cuerpo en supuesta colisión con la exigencia de respeto por parte del feto. El aconsejamiento moral o religioso puede acompañar a las personas en sus tomas de decisión, pero sin decidir en su lugar ni condenarlas.
6. Comprender la vida naciente como proceso. La vida naciente en sus primeras fases no está plenamente constituída como para exigir el tratamiento correspondiente al estatuto personal, pero eso no significa que pueda considerarse el feto como mera parte del cuerpo materno, ni como realidad parásita alojada en él. La interacción embrio-materna es decisiva para la constitución de la nueva vida naciente y merece el máximo respeto y cuidado: a medida que se aproxima el tercer mes de embarazo aumenta progresivamente la exigencia de ayudar a que éste se lleve a término.
Para evitar confusiones al hablar de protección de la vida, téngase presente la distinción entre materia viva de la especie humana (p.e., el blastocisto antes de la anidación) y una vida humana individual (p.e., el feto, más allá de la octava semana).
7. Confrontar las causas sociales de los abortos no deseados. No se pueden ignorar las situaciones dramáticas de gestaciones de adolescentes, sobre todo cuando son consecuencia de abusos. Sin generalizar, ni aplicar indiscriminadamente el mismo criterio para otros casos, hay que reconocer lo trágico de estas situaciones y debatir ampliamente sobre cómo abordar el problema social del aborto, cómo reprimir sus causas y cómo ayudar a su disminución.
8. Afrontar los problemas psicológicos de los abortos traumaticosEs importante prestar asistencia psicológica y social a aquellas personas a las que su toma de decisión dejó cicatrices que necesitan sanación. No hay que confundir la contracepción de emergencia con el aborto. Pero sería deseable que la administración de recursos de emergencia como la llamada píldora del día siguiente fuese acompañada del oportuno aconsejamiento médico-psicológicos.
9. Cuestionar el cambio de mentalidad cultural en torno al aborto. Repensar el cambio que supone el ambiente favorable a la permisividad del aborto y el daño que eso hace a nuestras culturas y sociedades.
10. Tomar en serio la contracepcion, aun reconociento sus límitaciones.Fomentar educación sexual con buena pedagogía, enseñar el uso eficaz de recursos anticonceptivos y la responsabilidad del varón, sin que la carga del control recaiga solo en la mujer. Sin tomar en serio la anticoncepción, no hay credibilidad para oponerse al aborto; hay que fomentar la educación sexual integral, que abarque desde higiene y psicología hasta implicaciones sociales, e incluya suficiente conocimiento de recursos contraceptivos, interceptivos y contragestativos
BASE CIENTIFICA
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Ante la pequeña polémica surgida por varios caballeros, debido a la opinión lanzada por Suárez me gustaría también participar dando mi modesta opinión al respecto sin dogmatizar ni que se interprete que voy contra alguien en particular. Opino sobre un aspecto muy discutido, al que se han referidos otros compis, presento mis dudas y nada más.
Ahora resulta que si una mujer se queda embarazada no sabe lo que va a parir porque ha dicho la Ministra (Auxiliar administrativo) que: “El embrión es un ser vivo, pero no un ser humano porque no hay ninguna base científica.”
Por lo visto puede parir un lagarto o se produce de la noche a la mañana una transformación en el feto para convertirse por arte de birlibirloque en un ser humano.
Vicky Blasco López, científica de Sevilla ha publicado una carta en la prensa del día 22 del presente Mayo, que en extracto para no hacer más larga la disquisición, viene a decir lo siguiente:
“Un embrión no se parece a una persona, aunque la pertenencia a una especie nos lo demuestra su estudio genético, pues todos los individuos de una misma especie tienen la misma configuración genética. En el embrión se halla toda su información genética y, si no se producen interferencias (Como que lo maten por ejemplo) llegará a ser un individuo humano distinto, único e irrepetible. Esto está clarísimo y la emoción de saber qué especie vamos a tener sólo durará 14 semanas porque al rondar la 14 semana y un día se producirá una mutación instantánea despejando nuestras dudas. Hay muchas personas que se han revelado contra la Iglesia por sus dogmas y resulta que sus manifestaciones son de puro dogma. El debate no está en aclarar si el feto es o no un ser humano, sino en si ha de prevalecer el derecho de la mujer para abortar sobre el derecho de su hijo a nacer y vivir.” Para esto no hace falta ser científico.
Ante esto yo me hago las siguientes preguntas:
- ¿Porqué se protege a un arbolito si no es un árbol?
- ¿Porqué se protege a una lince embarazada si lo que lleva en su vientre no es lince?
- ¿Porqué la mujer tiene que decidir sobre la vida de otro ser, único, distinto e irrepetible?
- ¿Porqué repiten siempre: “La mujer pare la mujer decide” si lo que lleva es producto de dos personas y no de una sola?
- ¿Qué sucedería si el que tuviese que decidir fuese el padre? ¿No se produciría el grito en el cielo diciendo que eso es machismo puro?
Espero que algún día se aclaren estas dudas porque sino siempre se estará debatiendo este asunto.
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Ante la pequeña polémica surgida por varios caballeros, debido a la opinión lanzada por Suárez me gustaría también participar dando mi modesta opinión al respecto sin dogmatizar ni que se interprete que voy contra alguien en particular. Opino sobre un aspecto muy discutido, al que se han referidos otros compis, presento mis dudas y nada más.
Ahora resulta que si una mujer se queda embarazada no sabe lo que va a parir porque ha dicho la Ministra (Auxiliar administrativo) que: “El embrión es un ser vivo, pero no un ser humano porque no hay ninguna base científica.”
Por lo visto puede parir un lagarto o se produce de la noche a la mañana una transformación en el feto para convertirse por arte de birlibirloque en un ser humano.
Vicky Blasco López, científica de Sevilla ha publicado una carta en la prensa del día 22 del presente Mayo, que en extracto para no hacer más larga la disquisición, viene a decir lo siguiente:
“Un embrión no se parece a una persona, aunque la pertenencia a una especie nos lo demuestra su estudio genético, pues todos los individuos de una misma especie tienen la misma configuración genética. En el embrión se halla toda su información genética y, si no se producen interferencias (Como que lo maten por ejemplo) llegará a ser un individuo humano distinto, único e irrepetible. Esto está clarísimo y la emoción de saber qué especie vamos a tener sólo durará 14 semanas porque al rondar la 14 semana y un día se producirá una mutación instantánea despejando nuestras dudas. Hay muchas personas que se han revelado contra la Iglesia por sus dogmas y resulta que sus manifestaciones son de puro dogma. El debate no está en aclarar si el feto es o no un ser humano, sino en si ha de prevalecer el derecho de la mujer para abortar sobre el derecho de su hijo a nacer y vivir.” Para esto no hace falta ser científico.
Ante esto yo me hago las siguientes preguntas:
- ¿Porqué se protege a un arbolito si no es un árbol?
- ¿Porqué se protege a una lince embarazada si lo que lleva en su vientre no es lince?
- ¿Porqué la mujer tiene que decidir sobre la vida de otro ser, único, distinto e irrepetible?
- ¿Porqué repiten siempre: “La mujer pare la mujer decide” si lo que lleva es producto de dos personas y no de una sola?
- ¿Qué sucedería si el que tuviese que decidir fuese el padre? ¿No se produciría el grito en el cielo diciendo que eso es machismo puro?
Espero que algún día se aclaren estas dudas porque sino siempre se estará debatiendo este asunto.
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Sortear la vejez y vivir la ancianidad
José Antonio Hernández Guerrero El comienzo de un nuevo año es –puede ser- otra nueva oportunidad para que re-novemos nuestr...
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El cristal del pequeño café forradas sus paredes de paneles de madera oscurecida por millones de cigarros encendidos, aspirados, delecta...
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José Antonio Hernández Guerrero De la misma manera que, a veces, valoramos más las peanas, las tribunas, los escenarios y los...