Eva Lambrechts Encinar
Se ha definido el malestar docente como la sensación que experimenta un docente en un momento determinado de su vida laboral, donde se auto percibe falto de los recursos personales necesarios para afrontar el ejercicio de la profesión de manera adecuada a los requerimientos del contexto, lo cual puede derivar en cuadros de ansiedad, desmotivación, confusión mental, indiferencia, apatía, etc.
La idea de educación se ha ido expandiendo y abriendo con el paso del tiempo. Lo que se consideraba como algo realizable sólo en la escuela, ha pasado a ser acontecimiento habitual en cualquier rincón de nuestra sociedad. Se ha llegado a hablar, por tanto, de sociedad educativa e, incluso, cuando se consideraba a la misma, a la educación y a la escuela como fuente de todo tipo de males, llegaba a hablarse de desescolarización de la sociedad. Igualmente sucede con los agentes educativos: de padres a maestros, de éstos al grupo de amigos y de éste a las relaciones laborales.
Paralelo a este proceso se ha ido fraguando una nueva crisis, al parecer sin precedentes en la historia de la educación, cuyo principal indicador es la crítica generalizada de nuestra sociedad sobre el sistema de enseñanza, puesto en cuestión desde los más diversos frentes, con mejores o peores argumentos.
Las consecuencias no se han hecho esperar y, de una manera generalizada en muchos países, podemos observar una notable caída de la imagen social de los profesores. De forma tal vez paradójica son los profesores los que han sufrido las consecuencias más negativas de los éxitos obtenidos por el sistema escolar a través de los años y por la aplicación de sus múltiples reformas. Los profesores han perdido el respeto y el apoyo social que constituían su retribución social más gratificante, ante la clara evidencia de que los salarios no eran ninguna fuente de alegría para los mismos.
La cuestión es del todo pertinente porque una de las consecuencias de este derrumbe de su imagen tiene que ver con la aparición de una nueva realidad: el malestar docente, el estrés del docente en un marco general de estrés laboral fundamental para comprender una parte de los problemas que aquejan al sistema educativo.
Un elemento parece destacar en este proceso: el fin del consenso en educación, cosa que venimos arrastrando por lo menos desde mitad de la década de los setenta. Hasta entonces la sociedad creía singularmente en la educación. Socialmente se pensaba en ella como la única en promover la movilidad y una mayor igualdad entre las personas. Tal vez se fabricaron unas expectativas desmesuradas sobre el poder de la educación, cosa que también ocurre hoy, hasta darnos cuenta que con el tipo de educación de hoy, que es francamente mejorable, desde sus paradigmas hasta sus medios, esto tal vez no sea posible.
Desde luego hoy estamos frente a una serie de factores que han determinado el cambio: aumento de las exigencias sobre el profesor, inhibición educativa de otros agentes de socialización, desarrollo de fuentes de información alternativas a la escuela, ruptura del consenso social sobre la educación, aumento de las contradicciones en el ejercicio de la docencia, cambio de expectativas respecto al sistema educativo, modificación del apoyo de la sociedad al sistema educativo, descenso de la valoración social del profesor, cambios en los contenidos curriculares, escasez de recursos materiales y deficientes condiciones de trabajo, cambios en las relaciones profesor-alumno, fragmentación del trabajo del profesor.
Por otro lado, echando una mirada a los variados estudios sobre el malestar docente, tenemos que las fuentes de estrés que los profesores consideran más importantes son:
• La cantidad de trabajo que les "sobrepasa", ya sea por falta de tiempo o de exceso de tareas.
• La sobrecarga de tipo emocional.
• Ambigüedad en el que el profesor no tiene claro cuál es su rol como docente, qué se espera de él por parte de la escuela, los alumnos, los padres y la sociedad en general.
• Conflicto de rol o grado en el que el profesor percibe instrucciones contradictorias respecto a cuáles son sus cometidos laborales.
• Falta de apoyo social por parte de compañeros y escuela.
• Falta de coordinación para el trabajo en equipo.
• Desmotivación, apatía e indisciplina por parte de los alumnos.
• Obstáculos técnicos como problemas en el material didáctico y fallos y/o averías en la infraestructura y/o instalaciones.
El estudio a fondo de este problema nos lleva a determinar la posibilidad de soluciones a través de las llamadas vías de afrontamiento, las cuales pueden ser personales e institucionales, sin olvidar el carácter preventivo que debe tener todo afrontamiento de este tipo de problemas. Por situar un simple ejemplo final sobre las estrategias de afrontamiento, cabe comentar que las estrategias personales, que son las que puede poner en marcha el profesional en cuestión, tenemos las conductuales (desarrollo de habilidades de gestión del aula) y las mentales (autocontrol emocional, reestructuración cognitiva y la autoestima).
No cabe duda, de cualquier forma, que el escenario actual en el que desempeñan su labor estos profesionales reclama medidas personales e institucionales para afrontar uno de los problemas que más está erosionando el sistema educativo, su calidad y su futuro.
Un beso:eva121950@gmail.com
jueves, 27 de enero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
DEMOCRACIA Y DICTADURA ECONÓMICA
No todos los políticos son iguales. Sin embargo, se respira en la sociedad española cierto ambiente de desprestigio metiendo a todos en el mismo saco; aunque existan personas excelentes, dedicadas a la función política, entregadas de lleno al servicio de los ciudadanos.
Tal vez el factor más importante del desencanto lo constituya la sensación de que muchos políticos se entretienen en disputas inútiles, sin abordan los verdaderos problemas de la sociedad, como son el paro, la vivienda y todos aquellos asuntos que son vitales. Parece que a bastantes políticos lo que les preocupa es mantenerse en el poder o conseguirlo, sea como sea.
Motivos más que suficientes se han dado para que hablar de políticos suene a corrupción. Se ha extendido la cultura del “pelotazo” fruto del egoísmo y el deseo de conseguir dinero fácil. Por desgracia, en vez de rechazo a la corrupción, a veces suscita envidia porque quiénes tenían dificultad para llegar a final de mes, al meterse en política han llegado a disfrutar de sueldos y prebendas que nunca hubieran alcanzado de otra manera.
Entre el deseo del poder y la búsqueda de dinero fácil hemos entrado en una dinámica de luchas dentro de los mismos partidos que alejan su acción de lo que realmente les atribuye la Constitución Española en su artículo sexto. La verdad de la justificación del poder político está en buscar, en primer lugar, la justicia, librar al pobre de su pobreza, atender a las necesidades sociales y servir con dedicación para que la sociedad sea más justa, solidaria y humana.
La salida de la crisis seguirá estancada mientras se centren las medidas en la desestabilización del estado de bienestar. La palabra crisis está sirviendo, en la mayoría de los casos, para reducir puestos de trabajo en las empresas y aumentar la inseguridad laboral y la precariedad del empleo. Todas las reformas laborales que se han hecho en España han disminuido los derechos de los trabajadores y afecta negativamente a los más débiles.
Todo lo anterior nos lleva a pensar que nos estamos desenvolviendo bajo un sistema económico cuya rentabilidad se consigue mediante la injusticia de favorecer a los más poderosos a costa del sufrimiento de los más débiles. Se da, por tanto, el crecimiento de fortunas de unos pocos y el crecimiento de mayor número de pobres y desilusionados.
Las situaciones injustas son mechas propicias para encenderse y manifestarse en el malestar ciudadano y, al mismo tiempo, en la desconfianza de los políticos que por el pánico a perder el poder se afanan en dar leyes recortando libertades.
Toda esta situación que genera inestabilidad tiene nombre y rostro aunque pueda ser peligroso decir que son los bancos y los mercados. La economía con sus bancos y los mercados son los que ponen y quitan gobiernos.
Las políticas a seguir por los gobernantes las dictan los poderes fácticos en nombre precisamente de lo que ellos denominan libertad que es la única que ellos imponen. Con ello, lo que todavía llamamos los ciudadanos “democracia política” va perdiendo sentido al ser dominada por la dictadura económica. Las palabras “mercados” y “bancos” han dejado de ser entes abstractos y son personas con rostros concretos aunque escondidos bajo esas palabras.
A pesar de las grandes dificultades, cada vez hay más personas que van tomando conciencia y luchan en todas las facetas de nuestra sociedad para poner los cimientos de una realidad distinta en la que sea la persona humana el centro sobre el que giren los esfuerzos para que los recursos y riquezas sean compartidos bajo el prisma de la justicia.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
Tal vez el factor más importante del desencanto lo constituya la sensación de que muchos políticos se entretienen en disputas inútiles, sin abordan los verdaderos problemas de la sociedad, como son el paro, la vivienda y todos aquellos asuntos que son vitales. Parece que a bastantes políticos lo que les preocupa es mantenerse en el poder o conseguirlo, sea como sea.
Motivos más que suficientes se han dado para que hablar de políticos suene a corrupción. Se ha extendido la cultura del “pelotazo” fruto del egoísmo y el deseo de conseguir dinero fácil. Por desgracia, en vez de rechazo a la corrupción, a veces suscita envidia porque quiénes tenían dificultad para llegar a final de mes, al meterse en política han llegado a disfrutar de sueldos y prebendas que nunca hubieran alcanzado de otra manera.
Entre el deseo del poder y la búsqueda de dinero fácil hemos entrado en una dinámica de luchas dentro de los mismos partidos que alejan su acción de lo que realmente les atribuye la Constitución Española en su artículo sexto. La verdad de la justificación del poder político está en buscar, en primer lugar, la justicia, librar al pobre de su pobreza, atender a las necesidades sociales y servir con dedicación para que la sociedad sea más justa, solidaria y humana.
La salida de la crisis seguirá estancada mientras se centren las medidas en la desestabilización del estado de bienestar. La palabra crisis está sirviendo, en la mayoría de los casos, para reducir puestos de trabajo en las empresas y aumentar la inseguridad laboral y la precariedad del empleo. Todas las reformas laborales que se han hecho en España han disminuido los derechos de los trabajadores y afecta negativamente a los más débiles.
Todo lo anterior nos lleva a pensar que nos estamos desenvolviendo bajo un sistema económico cuya rentabilidad se consigue mediante la injusticia de favorecer a los más poderosos a costa del sufrimiento de los más débiles. Se da, por tanto, el crecimiento de fortunas de unos pocos y el crecimiento de mayor número de pobres y desilusionados.
Las situaciones injustas son mechas propicias para encenderse y manifestarse en el malestar ciudadano y, al mismo tiempo, en la desconfianza de los políticos que por el pánico a perder el poder se afanan en dar leyes recortando libertades.
Toda esta situación que genera inestabilidad tiene nombre y rostro aunque pueda ser peligroso decir que son los bancos y los mercados. La economía con sus bancos y los mercados son los que ponen y quitan gobiernos.
Las políticas a seguir por los gobernantes las dictan los poderes fácticos en nombre precisamente de lo que ellos denominan libertad que es la única que ellos imponen. Con ello, lo que todavía llamamos los ciudadanos “democracia política” va perdiendo sentido al ser dominada por la dictadura económica. Las palabras “mercados” y “bancos” han dejado de ser entes abstractos y son personas con rostros concretos aunque escondidos bajo esas palabras.
A pesar de las grandes dificultades, cada vez hay más personas que van tomando conciencia y luchan en todas las facetas de nuestra sociedad para poner los cimientos de una realidad distinta en la que sea la persona humana el centro sobre el que giren los esfuerzos para que los recursos y riquezas sean compartidos bajo el prisma de la justicia.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
sábado, 8 de enero de 2011
LA ILUSIÓN “DE REYES MAGOS”
Aún recuerdo mis “Primeros Reyes”. Todo ser humano necesita caricias e ilusión para vivir. En los momentos actuales, tal vez más que nunca, habría que reavivar la alegría y la ilusión para que nuestra sociedad despierte del letargo de cierta desesperanza que la amenaza.
Navidad y Reyes van muy unidos. Navidad, amor y solidaridad; Reyes, apertura y búsqueda. ¡Qué más da que fueran Reyes o Magos! ¡Que fueran tres o cuatro o que fueran hombres o mujeres! No es el momento de hacer una exégesis profunda de los textos bíblicos que hablan de los Reyes Magos. Mateo nos habla de Magos de Oriente y Lucas se limita a decir “unos pastores”.
La experiencia nos dice que de los personajes que pasan a la historia lo último que se escribe de ellos es su infancia. A la infancia de Jesús de Nazaret se le denomina “vida oculta de Jesús”. Será en el Jordán y en la lectura del texto de Isaías en la Sinagoga cuando se manifieste públicamente su misión. Al terminar la lectura de Isaías proclama Jesús con solemnidad:” Hoy se cumplen en Mí estas Escrituras”.
La festividad de los Reyes Magos, la Epifanía, nos trae un mensaje clarividente: “Dios se hace hombre no sólo para Israel, sino también para todos los pueblos y naciones”. ¡Esto es una Buena Noticia!, Buena Noticia, como se le llama al “Evangelio”, el anuncio de la Liberación.
Recuerdo con cariño, sin nostalgia, la noche del cinco de Enero, el despertar de la temprana mañana del día seis y mi primer regalo, que fue un pequeño caballito de cartón, decorado con suaves lunares grises y blancos. Al año siguiente, la noche de Reyes volvería a aparecer, entre los regalos, el mismo caballito, aunque de distintos colores, cargado de nuevas ilusiones y sentimientos compartidos.
Nunca quise desvelar la “verdad” del sueño de los Reyes Magos. Los años pasaban, pero personal y libremente me negaba a convencerme de la intervención directa o indirecta de mis padres en este mundo mágico lleno de alegrías y fantasías con que se presentaba cada víspera de Reyes. También en aquel 1952 pensé que serían unos Reyes distintos. Ella, desde el Cielo, influiría de manera especial para que mis ilusiones revivieran y, de alguna manera, llenaran el vacío que dejó la muerte de mi madre.
Ante la víspera de Reyes del año 2011 me preocupa ahora ver en grandes establecimientos a padres, madres y familiares que, juntos con sus pequeños, averiguan los precios de los juguetes y la conveniencia o no de comprar uno u otro. Después de la compra, son los mismos niños los que cargan con los regalos envueltos, pero sabiendo ya el contenido vacío de ilusión futura. Matar ilusiones infantiles en nada favorece el desarrollo de la personalidad y sí introduce en el consumo mercantilista.
Conviene profundizar cada vez más en la necesidad que tiene el ser humano de recibir caricias y estímulos para tener ilusión de vivir. La falta de reconocimiento afectivo lleva al desencanto, a la envidia, a la agresividad, a la pérdida del sentido de la vida, al absurdo y hasta a la muerte.
Especialista en psicología y sociología están defendiendo que se hace absolutamente necesario estimular la imaginación y la fantasía con resortes positivos para llegar a llenar, lo más posible, la autoestima necesaria para el desarrollo como persona libre. Es obligación de los padres no sólo procurar el alimento, el vestido y la educación cultural y social, sino sobre todo favorecer y estimular las ilusiones y autoestima de sus hijos para que sean buenos ciudadanos comprometidos y libres.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com.
Navidad y Reyes van muy unidos. Navidad, amor y solidaridad; Reyes, apertura y búsqueda. ¡Qué más da que fueran Reyes o Magos! ¡Que fueran tres o cuatro o que fueran hombres o mujeres! No es el momento de hacer una exégesis profunda de los textos bíblicos que hablan de los Reyes Magos. Mateo nos habla de Magos de Oriente y Lucas se limita a decir “unos pastores”.
La experiencia nos dice que de los personajes que pasan a la historia lo último que se escribe de ellos es su infancia. A la infancia de Jesús de Nazaret se le denomina “vida oculta de Jesús”. Será en el Jordán y en la lectura del texto de Isaías en la Sinagoga cuando se manifieste públicamente su misión. Al terminar la lectura de Isaías proclama Jesús con solemnidad:” Hoy se cumplen en Mí estas Escrituras”.
La festividad de los Reyes Magos, la Epifanía, nos trae un mensaje clarividente: “Dios se hace hombre no sólo para Israel, sino también para todos los pueblos y naciones”. ¡Esto es una Buena Noticia!, Buena Noticia, como se le llama al “Evangelio”, el anuncio de la Liberación.
Recuerdo con cariño, sin nostalgia, la noche del cinco de Enero, el despertar de la temprana mañana del día seis y mi primer regalo, que fue un pequeño caballito de cartón, decorado con suaves lunares grises y blancos. Al año siguiente, la noche de Reyes volvería a aparecer, entre los regalos, el mismo caballito, aunque de distintos colores, cargado de nuevas ilusiones y sentimientos compartidos.
Nunca quise desvelar la “verdad” del sueño de los Reyes Magos. Los años pasaban, pero personal y libremente me negaba a convencerme de la intervención directa o indirecta de mis padres en este mundo mágico lleno de alegrías y fantasías con que se presentaba cada víspera de Reyes. También en aquel 1952 pensé que serían unos Reyes distintos. Ella, desde el Cielo, influiría de manera especial para que mis ilusiones revivieran y, de alguna manera, llenaran el vacío que dejó la muerte de mi madre.
Ante la víspera de Reyes del año 2011 me preocupa ahora ver en grandes establecimientos a padres, madres y familiares que, juntos con sus pequeños, averiguan los precios de los juguetes y la conveniencia o no de comprar uno u otro. Después de la compra, son los mismos niños los que cargan con los regalos envueltos, pero sabiendo ya el contenido vacío de ilusión futura. Matar ilusiones infantiles en nada favorece el desarrollo de la personalidad y sí introduce en el consumo mercantilista.
Conviene profundizar cada vez más en la necesidad que tiene el ser humano de recibir caricias y estímulos para tener ilusión de vivir. La falta de reconocimiento afectivo lleva al desencanto, a la envidia, a la agresividad, a la pérdida del sentido de la vida, al absurdo y hasta a la muerte.
Especialista en psicología y sociología están defendiendo que se hace absolutamente necesario estimular la imaginación y la fantasía con resortes positivos para llegar a llenar, lo más posible, la autoestima necesaria para el desarrollo como persona libre. Es obligación de los padres no sólo procurar el alimento, el vestido y la educación cultural y social, sino sobre todo favorecer y estimular las ilusiones y autoestima de sus hijos para que sean buenos ciudadanos comprometidos y libres.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com.
domingo, 12 de diciembre de 2010
PARTICIPACIÓN EN LA GESTIÓN
Aunque la palabra “crisis” pueda llevar una connotación de crecimiento en algunos aspectos psicológicos; sin embargo, en los momentos actuales todos le estamos dando un significado inmediato de una situación económica y social de la que queremos salir cuanto antes por todas las consecuencias familiares y sociales que, de una manera u otra, nos están afectando negativamente. Hay que repetir que de esta crisis hay que salir sin volver al sistema que la ha provocado. Si ahora se están poniendo los esfuerzos precisamente sobre los más débiles económicamente, difícilmente se podrá salir de la crisis. Sabemos que hay quiénes son contratados con salarios indignos del ser humano. Una gran mayoría de ciudadanos carecen de una vivienda digna y son explotados y considerados como meros instrumentos de producción.
En una sociedad conformista, se escuchan comentarios lastimeros exclamando: “quien tenga un puesto de trabajo que se considere dichoso”. No obstante, de ninguna de las maneras, en justicia social, se puede admitir ni el paro ni la explotación en el trabajo. Quiénes viven en la más absoluta inseguridad y situación de inferioridad personal, apenas pueden tener ocasión de actuar libre y responsablemente ni participar en la vida social de manera positiva. Además no podemos olvidar que la injusticia genera impaciencia, degradación personal y a la larga o a medio plazo violencia. La ley de supervivencia se esconde en lo más profundo del ser humano, pero se manifiesta ante la opresión con violencia.
Tal vez más que nunca se está poniendo de manifiesto la necesidad de reformas profundas que tengan como objetivo la mejora de las condiciones laborales, el aumento de la seguridad en el empleo, el estímulo para la iniciativa en el trabajo, la participación en la gestión y el acceso a la propiedad de los medios de producción tal como establece el artículo 129 de la Constitución Española. Puede parecer utópico afirmar que el ser humano no sólo tiene derecho a un trabajo digno, sino también decir que la Constitución da un paso más allá de la mera función consultiva, informativa y de control que el Estatuto de los Trabajadores reconoce a los Comités de Empresa y Delegados de personal.
El artículo 129 abre la participación a las esferas de la organización, planificación y decisión a través de la participación en la administración o cogestión en la empresa, un terreno aún virgen al no cumplirse el mandato por los poderes públicos: “También establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción”. Al respecto conviene recordar que el conjunto del proceso de producción debe ajustarse a las necesidades de la persona y a la manera de vida de cada uno en particular, de su vida familiar, teniendo en cuenta también el sexo y la edad. Según nuestra Constitución hay que ofrecer a los trabajadores la posibilidad de desarrollar sus cualidades y su personalidad en el ámbito del mismo trabajo. Los bienes deben llegar a todos en forma equitativa bajo el prisma de la justicia, sean las que sean las formas de propiedad.
La misma propiedad privada tiene también, por su misma naturaleza, una índole social, cuyo fundamento reside en el destino común de los bienes. Así, independientemente del derecho a la propiedad privada o de un cierto dominio sobre los bienes que aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para la autonomía personal y familiar, como ampliación de la libertad humana, no podemos olvidar que la tierra y cuanto ella contiene es para uso y disfrute de todos los seres humanos y de todos los pueblos.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
En una sociedad conformista, se escuchan comentarios lastimeros exclamando: “quien tenga un puesto de trabajo que se considere dichoso”. No obstante, de ninguna de las maneras, en justicia social, se puede admitir ni el paro ni la explotación en el trabajo. Quiénes viven en la más absoluta inseguridad y situación de inferioridad personal, apenas pueden tener ocasión de actuar libre y responsablemente ni participar en la vida social de manera positiva. Además no podemos olvidar que la injusticia genera impaciencia, degradación personal y a la larga o a medio plazo violencia. La ley de supervivencia se esconde en lo más profundo del ser humano, pero se manifiesta ante la opresión con violencia.
Tal vez más que nunca se está poniendo de manifiesto la necesidad de reformas profundas que tengan como objetivo la mejora de las condiciones laborales, el aumento de la seguridad en el empleo, el estímulo para la iniciativa en el trabajo, la participación en la gestión y el acceso a la propiedad de los medios de producción tal como establece el artículo 129 de la Constitución Española. Puede parecer utópico afirmar que el ser humano no sólo tiene derecho a un trabajo digno, sino también decir que la Constitución da un paso más allá de la mera función consultiva, informativa y de control que el Estatuto de los Trabajadores reconoce a los Comités de Empresa y Delegados de personal.
El artículo 129 abre la participación a las esferas de la organización, planificación y decisión a través de la participación en la administración o cogestión en la empresa, un terreno aún virgen al no cumplirse el mandato por los poderes públicos: “También establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción”. Al respecto conviene recordar que el conjunto del proceso de producción debe ajustarse a las necesidades de la persona y a la manera de vida de cada uno en particular, de su vida familiar, teniendo en cuenta también el sexo y la edad. Según nuestra Constitución hay que ofrecer a los trabajadores la posibilidad de desarrollar sus cualidades y su personalidad en el ámbito del mismo trabajo. Los bienes deben llegar a todos en forma equitativa bajo el prisma de la justicia, sean las que sean las formas de propiedad.
La misma propiedad privada tiene también, por su misma naturaleza, una índole social, cuyo fundamento reside en el destino común de los bienes. Así, independientemente del derecho a la propiedad privada o de un cierto dominio sobre los bienes que aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para la autonomía personal y familiar, como ampliación de la libertad humana, no podemos olvidar que la tierra y cuanto ella contiene es para uso y disfrute de todos los seres humanos y de todos los pueblos.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
jueves, 9 de diciembre de 2010
JUSTIFICACIÓN DEL PRESENTE Y SENTIDO DEL FUTURO
Se habla mucho de “memoria histórica” y hay quiénes sacan su provecho de las posibles localizaciones y de los sentimientos contenidos en rescoldos sin estar totalmente apagados. Jugar con los recuerdos y sacarlos a flote puede ser peligroso. El hombre de hoy, no anhela una explicación del pasado, sino que busca una justificación del presente y un sentido del futuro. Es interesante conservar todo aquello que, de alguna manera sean muestras y señas de nuestras raíces y de nuestra historia. De ninguna de las maneras podemos despreciar nuestro pasado reciente, pero ello no quiere decir que tengamos que resucitar los recuerdos de odios y contiendas de lo que ya es historia.
La Democracia no es que “haya venido a España”, sino que realmente los españoles hemos sido los que nos hemos puesto de acuerdo en trabajar juntos para construir un Estado en que el pueblo decidiera; que el Poder estuviera distribuido entre las diversas nacionalidades y regiones que la integran; y donde los derechos humanos y las libertades públicas constituyeran el fundamento de toda acción política. Por tanto, ahora ni somos autómatas sin derecho a reflexionar ni debemos admitir que seamos programados por el poder político.
La sociedad no se construye sólo con relaciones de derechos y deberes. Con frecuencia se ha creído que la creación de instituciones bastaba para garantizar a la humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo. De forma desafortunada se ha depositado una confianza excesiva en las instituciones, casi como si ellas pudieran conseguir el objetivo deseado de manera automática. Sin embargo, sabemos que las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos
Vivimos en un siglo en el que gozamos de posibilidades técnicas, científicas y culturales de desarrollo individual y colectivo como en ninguna otra época anterior se tuvo. Sin embargo, cuando se fija como objetivo exclusivo el beneficio, muchas veces mal obtenido y sin mirar el bien común, se corre el peligro de destruir riqueza creándose pobreza. Se dice que no podemos dar al otro de lo nuestro sin haberle dado antes lo que en justicia le corresponde. El hambre en el mundo no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es el de tipo institucional, capaz de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional.
En el contexto actual social y cultural en el que está difundiéndose la tendencia a relativizar lo verdadero, hemos de comprender y defender que la adhesión de los valores del cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral. En España es posible regenerar la democracia, conseguir una convivencia basada en la tolerancia y la libertad más plena. Es posible construir una sociedad democrática avanzada en la que todos y cada uno, por el hecho de ser ciudadanos, tengamos un mínimo vital asegurado y donde la igualdad inicial de oportunidades sea la condición indispensable para el reconocimiento y la recompensa del esfuerzo y del mérito. Las nuevas formas de esclavitud, como la droga, y la desesperación en la que caen tantas personas tienen una explicación no sólo sociológica o psicológica, sino esencialmente espiritual. No puede haber desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
La Democracia no es que “haya venido a España”, sino que realmente los españoles hemos sido los que nos hemos puesto de acuerdo en trabajar juntos para construir un Estado en que el pueblo decidiera; que el Poder estuviera distribuido entre las diversas nacionalidades y regiones que la integran; y donde los derechos humanos y las libertades públicas constituyeran el fundamento de toda acción política. Por tanto, ahora ni somos autómatas sin derecho a reflexionar ni debemos admitir que seamos programados por el poder político.
La sociedad no se construye sólo con relaciones de derechos y deberes. Con frecuencia se ha creído que la creación de instituciones bastaba para garantizar a la humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo. De forma desafortunada se ha depositado una confianza excesiva en las instituciones, casi como si ellas pudieran conseguir el objetivo deseado de manera automática. Sin embargo, sabemos que las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos
Vivimos en un siglo en el que gozamos de posibilidades técnicas, científicas y culturales de desarrollo individual y colectivo como en ninguna otra época anterior se tuvo. Sin embargo, cuando se fija como objetivo exclusivo el beneficio, muchas veces mal obtenido y sin mirar el bien común, se corre el peligro de destruir riqueza creándose pobreza. Se dice que no podemos dar al otro de lo nuestro sin haberle dado antes lo que en justicia le corresponde. El hambre en el mundo no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es el de tipo institucional, capaz de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional.
En el contexto actual social y cultural en el que está difundiéndose la tendencia a relativizar lo verdadero, hemos de comprender y defender que la adhesión de los valores del cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral. En España es posible regenerar la democracia, conseguir una convivencia basada en la tolerancia y la libertad más plena. Es posible construir una sociedad democrática avanzada en la que todos y cada uno, por el hecho de ser ciudadanos, tengamos un mínimo vital asegurado y donde la igualdad inicial de oportunidades sea la condición indispensable para el reconocimiento y la recompensa del esfuerzo y del mérito. Las nuevas formas de esclavitud, como la droga, y la desesperación en la que caen tantas personas tienen una explicación no sólo sociológica o psicológica, sino esencialmente espiritual. No puede haber desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
domingo, 28 de noviembre de 2010
Instantáneo
José Antonio Hernández Guerrero
En la actualidad, debido a esa manera de vivir el tiempo como una serie de instantes desconectados entre sí, y no como una sucesión orgánica de la existencia, está alcanzando una alta cotización el instante, ese espacio temporal tan corto que apenas tiene existencia. Uno de los síntomas más visibles de esta fugaz instantaneidad es la elevada valoración que alcanzan las técnicas que acortan los procesos de preparación y que reducen al máximo los tiempos de espera. No es extraño, por lo tanto, que la publicidad pregone como supremo valor añadido la instantaneidad de las sopas, de los cafés, de los calentadores o de los créditos. A favor de la brevedad se suele argumentar con el dicho popular según el cual “lo breve y bueno es doblemente bueno”; no caemos en la cuenta de que, a veces, los mejores alicientes de los viajes residen en su espera. En mi opinión, tanto el disfrute como el aprovechamiento del tiempo exigen que, en vez de acortarlos, alarguemos los instantes y que, en vez de aligerar los ritmos, los detengamos. Como les ocurre a los deportistas de élite, la resistencia depende, en gran medida, de la lentitud de las pulsaciones.
He llegado a la conclusión de que uno de los procedimientos más eficaces para aprovechar y para disfrutar de nuestro escaso tiempo humano es ralentizando el ritmo de nuestras acciones y deteniéndonos para contemplar con complacencia la belleza y la bondad que encierran muchos de esos momentos presentes que, en silenciosa soledad o en grata compañía, dilatan nuestra existencia parando realmente el tiempo. Para saborear los momentos de bienestar, hemos de aprender -como repite Antonio Cantizano- a disfrutar esperando, pero no sólo manteniendo las “esperanzas”, sino también aumentando nuestra capacidad de “espera” que, como es sabido, se apoya en la paciencia. Para lograrla hemos de aprender a prestar atención a nuestro interior, a ese espacio íntimo en el que se aloja la felicidad. Estoy convencido de que para experimentar estas vivencias no nos sirven las estrategias publicitarias que nos engatusan y se aprovechan de nuestra inevitable búsqueda de la felicidad. Por esta razón, me decido una vez más a expresar mi convicción de que la dirección que hemos de tomar es exactamente la contraria y preferir, en vez de la rapidez, la lentitud. Por esta razón, cuando acompaño a mi amigo José Carlos, siempre le pido que elijamos el camino más largo.
En la actualidad, debido a esa manera de vivir el tiempo como una serie de instantes desconectados entre sí, y no como una sucesión orgánica de la existencia, está alcanzando una alta cotización el instante, ese espacio temporal tan corto que apenas tiene existencia. Uno de los síntomas más visibles de esta fugaz instantaneidad es la elevada valoración que alcanzan las técnicas que acortan los procesos de preparación y que reducen al máximo los tiempos de espera. No es extraño, por lo tanto, que la publicidad pregone como supremo valor añadido la instantaneidad de las sopas, de los cafés, de los calentadores o de los créditos. A favor de la brevedad se suele argumentar con el dicho popular según el cual “lo breve y bueno es doblemente bueno”; no caemos en la cuenta de que, a veces, los mejores alicientes de los viajes residen en su espera. En mi opinión, tanto el disfrute como el aprovechamiento del tiempo exigen que, en vez de acortarlos, alarguemos los instantes y que, en vez de aligerar los ritmos, los detengamos. Como les ocurre a los deportistas de élite, la resistencia depende, en gran medida, de la lentitud de las pulsaciones.
He llegado a la conclusión de que uno de los procedimientos más eficaces para aprovechar y para disfrutar de nuestro escaso tiempo humano es ralentizando el ritmo de nuestras acciones y deteniéndonos para contemplar con complacencia la belleza y la bondad que encierran muchos de esos momentos presentes que, en silenciosa soledad o en grata compañía, dilatan nuestra existencia parando realmente el tiempo. Para saborear los momentos de bienestar, hemos de aprender -como repite Antonio Cantizano- a disfrutar esperando, pero no sólo manteniendo las “esperanzas”, sino también aumentando nuestra capacidad de “espera” que, como es sabido, se apoya en la paciencia. Para lograrla hemos de aprender a prestar atención a nuestro interior, a ese espacio íntimo en el que se aloja la felicidad. Estoy convencido de que para experimentar estas vivencias no nos sirven las estrategias publicitarias que nos engatusan y se aprovechan de nuestra inevitable búsqueda de la felicidad. Por esta razón, me decido una vez más a expresar mi convicción de que la dirección que hemos de tomar es exactamente la contraria y preferir, en vez de la rapidez, la lentitud. Por esta razón, cuando acompaño a mi amigo José Carlos, siempre le pido que elijamos el camino más largo.
¿ MUERTE DIGNA O VIDA DIGNA..?
Hace pocos días el Gobierno de la nación ha lanzado sus “prioridades” y las concreta en el compromiso de aprobar 26 leyes antes de verano, para superar la crisis y otras de carácter social, como la de “Cuidados Paliativos y Muerte Digna”.(prevista para marzo de 2011). La primera pregunta que se me ocurre, después de leer toda nuestra Constitución, es si no hay otras prioridades para que en vez plantear la muerte pensemos en la vida digna de la que carecen muchos ciudadanos y que si no se les solucionan sus problemas terminarán en una muerte indigna no deseada.
El pretendido equilibrio constitucional de poderes entre legislativo y ejecutivo se está inclinando ahora más que nunca a favor del Ejecutivo que parece querer dominarlo todo, incluido el poder legislativo. La dialéctica se tendría que establecer entre Gobierno y oposición. Pero la realidad es que cuando existe mayoría parlamentaria absoluta el equilibrio de poderes se minimiza. La oposición en el Parlamento sólo puede limitar al poder a través de la denuncia, intentando influir en la opinión pública.. Es esencial facilitar la tarea de la oposición, y muy particularmente poner a su disposición la creación de Comisiones de Control, Información e Investigación, que no puedan ser impedidas por la mayoría.
Según la Constitución cuando haya conflicto de competencias entre Legislativo y Ejecutivo de cualquier índole, quien cierre el proceso debe ser otro poder con libertad e independencia de acción. Por ello, el mecanismo básico para controlar al poder político en una sociedad moderna es: La Justicia. Y ello en una doble vertiente, el Poder Judicial en sentido estricto, y la llamada Justicia Constitucional. De ahí que la libertad de la Justicia frente a todo tipo de interferencias de quien ostenta el poder, constituya la piedra angular en la que se fundamente el edificio del Estado Democrático Constitucional de Derecho. Jueces independientes, amparan y tutelan efectivamente los derechos humanos, pese a quien pese, incluidos los aparatos de Poder y la propia Razón de Estado.
Mucho tiempo se empleó en intentar consensuar la composición del Consejo General del Poder Judicial. Pero fue una solución política entre políticos, debilitándose la independencia de poderes, fundamental en toda democracia. Los mismos políticos que debilitaron la independencia dirán después que respetan las decisiones de la justicia. Otro tanto ha ocurrido con el Tribunal Constitucional, un órgano judicial fundamental para el funcionamiento del sistema democrático español. El Constitucional tiene facultad para rectificar cualquier ley, aunque haya sido aprobada por un parlamento o votada en referendum. Sin embargo, en ocasiones han aparecido dos bloques votando aquello que favorecía al partido que los eligió.. Este proceder pone en tela de juicio su actuación ante las cuestiones sobre las que tengan que pronunciarse.
Aunque se reconoce que la mayoría de los jueces son excelentes personas y profesionales; quizás sea difícil administrar justicia con medios insuficientes y en situación estructuralmente injusta. La experiencia está demostrando que para que la justicia funcione bien debe gozar de independencia política y dejar constancia de que el mundo de la justicia es uno de los que necesita una gran reforma que implique agilizar, democratizar e independizar. Por ello, una de las prioridades de acción de un Gobierno, que pretenda profundizar en el desarrollo de las libertades, es acometer un Plan de reforma de la Justicia en todas sus facetas: que, entre otras cosas, le proporcione recursos personales y económicos suficientes. Los Tribunales ordinarios y el Tribunal Constitucional, deben tener medios suficientes que les permitan impartir justicia con agilidad. Si no fuese así, se estaría quebrando un elemento básico del Estado democrático.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
El pretendido equilibrio constitucional de poderes entre legislativo y ejecutivo se está inclinando ahora más que nunca a favor del Ejecutivo que parece querer dominarlo todo, incluido el poder legislativo. La dialéctica se tendría que establecer entre Gobierno y oposición. Pero la realidad es que cuando existe mayoría parlamentaria absoluta el equilibrio de poderes se minimiza. La oposición en el Parlamento sólo puede limitar al poder a través de la denuncia, intentando influir en la opinión pública.. Es esencial facilitar la tarea de la oposición, y muy particularmente poner a su disposición la creación de Comisiones de Control, Información e Investigación, que no puedan ser impedidas por la mayoría.
Según la Constitución cuando haya conflicto de competencias entre Legislativo y Ejecutivo de cualquier índole, quien cierre el proceso debe ser otro poder con libertad e independencia de acción. Por ello, el mecanismo básico para controlar al poder político en una sociedad moderna es: La Justicia. Y ello en una doble vertiente, el Poder Judicial en sentido estricto, y la llamada Justicia Constitucional. De ahí que la libertad de la Justicia frente a todo tipo de interferencias de quien ostenta el poder, constituya la piedra angular en la que se fundamente el edificio del Estado Democrático Constitucional de Derecho. Jueces independientes, amparan y tutelan efectivamente los derechos humanos, pese a quien pese, incluidos los aparatos de Poder y la propia Razón de Estado.
Mucho tiempo se empleó en intentar consensuar la composición del Consejo General del Poder Judicial. Pero fue una solución política entre políticos, debilitándose la independencia de poderes, fundamental en toda democracia. Los mismos políticos que debilitaron la independencia dirán después que respetan las decisiones de la justicia. Otro tanto ha ocurrido con el Tribunal Constitucional, un órgano judicial fundamental para el funcionamiento del sistema democrático español. El Constitucional tiene facultad para rectificar cualquier ley, aunque haya sido aprobada por un parlamento o votada en referendum. Sin embargo, en ocasiones han aparecido dos bloques votando aquello que favorecía al partido que los eligió.. Este proceder pone en tela de juicio su actuación ante las cuestiones sobre las que tengan que pronunciarse.
Aunque se reconoce que la mayoría de los jueces son excelentes personas y profesionales; quizás sea difícil administrar justicia con medios insuficientes y en situación estructuralmente injusta. La experiencia está demostrando que para que la justicia funcione bien debe gozar de independencia política y dejar constancia de que el mundo de la justicia es uno de los que necesita una gran reforma que implique agilizar, democratizar e independizar. Por ello, una de las prioridades de acción de un Gobierno, que pretenda profundizar en el desarrollo de las libertades, es acometer un Plan de reforma de la Justicia en todas sus facetas: que, entre otras cosas, le proporcione recursos personales y económicos suficientes. Los Tribunales ordinarios y el Tribunal Constitucional, deben tener medios suficientes que les permitan impartir justicia con agilidad. Si no fuese así, se estaría quebrando un elemento básico del Estado democrático.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
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