También nosotros, naturalmente, nos unimos a las enérgicas voces solidarias de los que, desde diferentes tribunas, exigen que se movilicen todos los recursos materiales y humanos para erradicar el hambre; también nosotros reclamamos que se emprenda la urgente tarea de eliminar la miseria: la contemplación de las imágenes que diariamente nos ofrecen los medios de comunicación nos obliga a seguir gritando para que -¡ya!- los políticos apliquen medidas de emergencia que, de manera eficaz, eviten o superen esas situaciones de sangrante injusticia social.
En esta ocasión, sin embargo, aprovechamos estas líneas para recordar que "no de solo pan vive el hombre", para reclamar una mayor participación en los bienes culturales, para llamar la atención sobre la trascendencia de las persistentes diferencias educativas y sobre los peligros del progresivo empobrecimiento cultural de una gran mayoría de ciudadanos. Si los privilegiados de la ciencia o de la cultura, si los poderosos y los pudientes, nos olvidamos de repartir con mayor equidad los bienes de la enseñanza y si no dotamos a los más necesitados de los conocimientos útiles para ganarse la vida, los desequilibrios económicos serán cada vez más acusados. La gravedad de los desniveles educativos estriba -no lo perdamos de vista- en que perpetúan y acentúan las injusticias. Por eso, si las autoridades, las instituciones y las personas no nos decidimos a invertir más tiempo, mayores esfuerzos y más dinero en la enseñanza, los problemas de la pobreza endémica, de las desigualdades lacerantes y de las injusticias sociales no tendrán su adecuada solución.
Tengo la impresión de que, si, además de lamentarnos, esos colectivos y cada uno de los docentes invirtiéramos, por ejemplo, una hora semanal en enseñar de manera gratuita algo de lo que sabemos, contribuiríamos a repartir los ricos tesoros reservados a una minoría y ayudaríamos a reducir la abismal distancia que separa la élite del pueblo. ¿Por qué -me pregunto- los colegios, las escuelas, los institutos de enseñanza secundaria y las facultades universitarias, los maestros y los profesores no dedicamos, al menos el 0,7 por ciento de nuestros recursos y de nuestras instalaciones docentes a los más "ignorantes"? ¿Estamos convencidos de verdad de que la inversión en educación es uno de los negocios más rentables para el que da y para el que recibe?
Cuando afirmamos que la cultura es "alimento" que sostiene, "ropaje" que abriga y "hogar" que acoge, no estamos elaborando una sugerente metáfora poética, sino que formulamos una definición comprensiva y comprensible del ser humano, y declaramos nuestra profunda convicción de que el hombre no puede vivir plenamente con un simple pedazo de pan o, en otras palabras, manifestamos nuestra convicción de que, para sobrevivir -para "realizarse", como se decía hace unos años- se necesita cubrir también otras exigencias vitales y perentorias: la de una cultura que, arraigada en nuestra tierra, abra la posibilidad de intervenir en nuestra sociedad.
miércoles, 20 de abril de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
EN CONSTANTE CAMPAÑA ELECTORAL
Los españoles estamos en continuas campañas electorales. Al día siguiente de la celebración de unas elecciones todos hacen sus valoraciones y todos han ganado, aunque algunos hayan recibido un fuerte castigo por el rechazo ciudadano. Se buscarán estrategias para, desde el primer día, empezar la persecución del “enemigo”. También, en lo que se suele llamar “precampaña”, los “aparatos” de los partidos políticos están muy ocupados preparando sus listas electorales, colocando a sus fieles, a los que se les debe un favor o se espera recibir apoyos de ellos o de sus familias.
¿Olvidan los dirigentes políticos que la gente honrada y preparada no dará su voto a personas que hacen de la política su “modus vivendi”? La mayoría de los ciudadanos esperan que la noble acción política se desempeñe con dignidad y siempre al servicio del ciudadano. La gente está harta de que, una vez elegidos se olviden de las promesas electorales y busque sus propios intereses. ¿Por qué tienen tanto miedo los “Aparatos” de los Partidos a las listas abiertas? No sirve la respuesta simplona de que habría que cambiar la Ley Electoral. Leyes se modifican e incluso se inventan algunas que nada tienen que ver con los verdaderos intereses de los ciudadanos.
La sociedad necesita personas en las que poder confiar y que sepan administrar los recursos públicos con justicia, equidad, con eficacia y eficiencia. Se suele decir que el perfil de los políticos debería ser de personas preparadas bien pagadas; sería rentable. Se evitaría la multitud de asesores y enchufados. Por supuesto esos sueldos deberían ser fijados objetivamente y de forma reglada. No tendrían cabida los mediocres puesto que al ser listas abiertas el pueblo elegiría a los mejores. La política se convertiría en un servicio al pueblo, desde el pueblo y con el pueblo.
Continúa, una vez más, el baile de descalificaciones improcedentes. Los programas electorales de los diferentes partidos los conoceremos a través de las críticas que les hacen los adversarios. No aprenden que “la crítica por la crítica” no es aliciente para la gente razonable. En el 2011 se necesitan personas que sean referentes objetivos, despojados de intereses partidistas, que sean una especie de aldabonazo para que los ciudadanos se fíen de sus representantes.
A veces los nuevos ricos surgen de la corrupción La corrupción nunca puede verse como un hecho normal, ni se pueden admitir “niveles de corrupción”, ni consensuar acuerdos para pasar página. Desde una genuina interpretación política no se puede aceptar, de ninguna de las maneras, la existencia de la corrupción, sin una lucha contundente contra ella. La lucha contra la corrupción está en la misma naturaleza de los partidos políticos democráticos y en la misma naturaleza humana, cuando busca el bien.
La corrupción, el robo, el fraude y el engaño, la opresión y la pobreza son realidades concretas. Y también son concretos los responsables. Hay repetir una vez más que el ejercicio de la autoridad política en las instituciones representativas debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral para procurar el bien común. Es entonces cuando los ciudadanos estamos llamados a colaborar en el bien común. Pero cuando la autoridad pública, rebasando su competencia, abusa de su autoridad los ciudadanos tienen la obligación de defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de la autoridad que se haya convertido en ilegítima buscando sus propios intereses.
Los Partidos, dentro de sus estrategias, deberían esmerarse en presentar, bajo sus siglas, a personas honradas y dispuestas a consagrar sus esfuerzos al bien común. ¿No serán las Listas Abiertas el antídoto de la corrupción?
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
¿Olvidan los dirigentes políticos que la gente honrada y preparada no dará su voto a personas que hacen de la política su “modus vivendi”? La mayoría de los ciudadanos esperan que la noble acción política se desempeñe con dignidad y siempre al servicio del ciudadano. La gente está harta de que, una vez elegidos se olviden de las promesas electorales y busque sus propios intereses. ¿Por qué tienen tanto miedo los “Aparatos” de los Partidos a las listas abiertas? No sirve la respuesta simplona de que habría que cambiar la Ley Electoral. Leyes se modifican e incluso se inventan algunas que nada tienen que ver con los verdaderos intereses de los ciudadanos.
La sociedad necesita personas en las que poder confiar y que sepan administrar los recursos públicos con justicia, equidad, con eficacia y eficiencia. Se suele decir que el perfil de los políticos debería ser de personas preparadas bien pagadas; sería rentable. Se evitaría la multitud de asesores y enchufados. Por supuesto esos sueldos deberían ser fijados objetivamente y de forma reglada. No tendrían cabida los mediocres puesto que al ser listas abiertas el pueblo elegiría a los mejores. La política se convertiría en un servicio al pueblo, desde el pueblo y con el pueblo.
Continúa, una vez más, el baile de descalificaciones improcedentes. Los programas electorales de los diferentes partidos los conoceremos a través de las críticas que les hacen los adversarios. No aprenden que “la crítica por la crítica” no es aliciente para la gente razonable. En el 2011 se necesitan personas que sean referentes objetivos, despojados de intereses partidistas, que sean una especie de aldabonazo para que los ciudadanos se fíen de sus representantes.
A veces los nuevos ricos surgen de la corrupción La corrupción nunca puede verse como un hecho normal, ni se pueden admitir “niveles de corrupción”, ni consensuar acuerdos para pasar página. Desde una genuina interpretación política no se puede aceptar, de ninguna de las maneras, la existencia de la corrupción, sin una lucha contundente contra ella. La lucha contra la corrupción está en la misma naturaleza de los partidos políticos democráticos y en la misma naturaleza humana, cuando busca el bien.
La corrupción, el robo, el fraude y el engaño, la opresión y la pobreza son realidades concretas. Y también son concretos los responsables. Hay repetir una vez más que el ejercicio de la autoridad política en las instituciones representativas debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral para procurar el bien común. Es entonces cuando los ciudadanos estamos llamados a colaborar en el bien común. Pero cuando la autoridad pública, rebasando su competencia, abusa de su autoridad los ciudadanos tienen la obligación de defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de la autoridad que se haya convertido en ilegítima buscando sus propios intereses.
Los Partidos, dentro de sus estrategias, deberían esmerarse en presentar, bajo sus siglas, a personas honradas y dispuestas a consagrar sus esfuerzos al bien común. ¿No serán las Listas Abiertas el antídoto de la corrupción?
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
viernes, 11 de febrero de 2011
Reduccionismo simplista
José A. Carmona Brea
Quiero comenzar este breve escrito con una afirmación que nos es más que una obviedad, mas lo hago con la intención de que esté muy presente en mi conciencia mientras escribo esto. “No soy puro”, por tanto, todo cuanto digo aquí nace del conocimiento de mi propias imperfecciones, y no sólo por ser humano, sino también por ser José Antonio. “Quien esté libre de pecado tire la primera piedra (Jn 8,7)”.
Me preocupa y seriamente el reduccionismo simplista (la expresión no es usada comúnmente, incluso el Diccionario de la RAE en 21ª edición no la recoge, pero es inequívoca) que nos rodea en esta sociedad y que llega hasta los rincones más íntimos y recónditos de nuestras vidas. Llega a nuestros escritos y envenena nuestros pensamientos. Cierto que hay escritos en este blog -Compañía 19- que, a mi juicio, están impregandos de aquella soberana sencillez que nos aconseja el Sermón del Monte: “prudentes y sencillos”, sin doblez, verdaderamente in-genuos en su sentido etimológico ( en sánscrito: “el que no divide”, el que ama a todos), pero muchos otros están empapados de ese reduccionismo, tan ¿humano? -¡y tan poco cristiano!- ¿No es acaso lo cristiano lo que es profundamente humano?
Llamo “reduccionismo simplista” a la actitud, siempre llevada a cabo, de reducir las cosas, y sobre todo, las causas de los hechos a una sola, cuando en verdad son múltiples y complejas, y hacerlo con una perspectiva simplista: de simplón -mentecato-, no de sencillo: aquel que ha llegado a amar sin exclusiones. El que ha llegado a la no-dualidad. Todos nos sentimos con el poder de enjuiciar las situaciones, los hechos e incluso a las personas, sin haber procurado antes adquirir el conocimiento suficiente para emitir dichos juicios con equilibrio y ponderadamente. No me estoy refiriendo a un análisis crítico, sino a la crítica que procede con poco fundamento-conocimiento, y sale de las emociones irracionales: odio, antipatía, desprecio, aversión...
Tenemos el maniqueísmo inyectado en la sangre: Los buenos y los malos. Éstos son los culpables de todos los males, aquellos pobres víctimas de los segundos. A mi juicio, tan limitado por mi experiencia y tan válido por humano, ya en el seminario (con la mejor intención sin dudas) ya nos educaron en esta línea, nos educaron para que nos consideráramos los buenos y elegidos y para condenar como culpables a los otros. Nos proponían en cada lección de teología un apartado con los que llamaban enemigos (de la tesis propuesta en la lección), los que pensaban de forma distinta a la propuesta en dicha tesis que se enseñaba como verdad, muchas veces “de fide, o de fide catholica”... “Nosotros y los enemigos -adversarii-” Pese a ello, se condenaba “de palabra” el maniqueísmo como “herejía”.
Se nos cuela en lo que pensamos, en lo que decimos y escribimos, nace en nuestras entrañas y es más fuerte que la razón. ¡Tenemos que echar a alguien las culpas de que haya cosas que no nos gustan! Y nuestro juicio elaborado desde nuestra parcialidad nos parece la cosa más evidente, la más verdadera del mundo. Y como tal lo exponemos a los cuatro vientos.
Lo que para mí es más curioso de todo esto es que dichos juicios no sólo los emitimos convencidos de su verdad, sino que creo que todos la tienen, mas solamente en parte. La tienen dentro del contexto evolutivo al que pertenecemos las personas que los emitieron y los emitimos. Sinceramente no creo que nuestros escritos, en general, pretendan mentir, confundir, sino aclarar lo que a juicio del que lo escribe, seamos quienes seamos, es la verdad.
Pero, no podemos olvidar que la verdad es evolutiva, queramos aceptarlo o no. Y lo que sirvió como verdad (intencional, proposicional...) en la Prehistoria o el Medievo en muchos aspectos (religioso, moral, político, social, médico, filosófico, astronómico, matemático...) hoy no es sino ignorancia y despropósito, pues el hombre evoluciona con la conciencia. La idea de lña existencia del infierno, por ejemplo, en aquellos momentos mediavales sirvió a aquella sociedad, hoy no sirve de nada, al contrario es un palo puesto a las ruedas de la razón. Y los mismo hemos de decir de los absolutismos, dictaduras, geocentrismo, antropocentrismo, visión mítica de Dios...
Por descontado que estoy hablando de la verdad proposicional o interpretativa: El mapa mental -intencional- que tiene el sujeto del objeto representado, -lo real-. Pero, conforme va cambiando la conciencia en su evolución o desarrollo, cambia también el mapa y el objeto (se va transformando el mundo) y no meramente en el aspecto físico.
La conciencia del hombre mágico está polarizada en extremo entre el bien y el mal. Es una conciencia tribal que aún permanece y no solamente en las tribus urbanas, sino en todos nosostros. Los de mi tribu (los que piensan como yo, los de mi iglesia, los de mi partido, los de mi equipo de fútbol...) son los buenos. Los otros, los malos a los que hay que borrar del mapa (a tiros, con la palabra, con la descalificación, la demonización, el desprecio...). ¡Esos brujos y brujas son la causa de todos los males! ¡El miedo a lo diferente! ¡La falta de conciencia que no percibe fronteras, sino cercanías!
Tenemos mucho aún de esta conciencia mágica, transformada para gran parte de los humanos más evolucionados -con carreras, estudios, profesiones liberales, como profesores, sacerdotes...- en mítica, sobre todo en materias religiosas o políticas. En la misma nuestra interpretación de la Realidad responde al acatamiento de un código de conducta impuesto por Otro (al que se le llama Absoluto, Poder político, Jerarquía religiosa...). Para este tipo de conciencia no hay evolución posible. Lo que está mal, está mal. Lo que está bien, está bien.
Pero la conciencia humana ha seguido evolucionando y seguirá in saecula.
“No juzguéis y no os juzgarán. No condenéis y no os condenarán...(Lc 6,37)” Palabras puestas en boca de Jesús que en modo alguno significan que no tengamos criterios, que seamos unos conformistas, que no nos muevan las injusticias... Jesús de Nazaret mostró tener un criterio tan pleno y válido que lo mantuvo hasta la cruz. Su criterio fue estar a favor de todos, sin excepción. Amar sin exclusiones. Lo que no se opone al discernimiento: ¿Nos dice el mismo evangelio de Lucas: “Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que se debe hacer? (12,57. También Mt 16,2..)”
“No juzguéis y no os juzgarán. No condenéis y no os condenarán...(Lc 6,37)” Palabras puestas en boca de Jesús que en modo alguno significan que no tengamos criterios, que seamos unos conformistas, que no nos muevan las injusticias... Jesús de Nazaret mostró tener un criterio tan pleno y válido que lo mantuvo hasta la cruz. Su criterio fue estar a favor de todos, sin excepción. Amar sin exclusiones. Lo que no se opone al discernimiento: ¿Nos dice el mismo evangelio de Lucas: “Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que se debe hacer? (12,57. También Mt 16,2..)”
Y como Jesús, todos los grandes místicos axiales de la historia, Buda, Zoroastro, Mahoma. Recordemos a Lao Tsi: “Vence al mal con el bien.” ¡Y qué decir de los místicos seguidores de Jesús! Desde Pablo a Teresa de Calcuta.
Nada tiene que ver tener criterio, ni hacer una crítica seria y ponderada a las instituciones, que normalmente se esclerotizan, con el reduccionismo simplista. Mas bien, tener criterio exige no caer en el reduccionismo simplista, pues aquél sólo puede estar basado en una fuerte formación humana (no la confundamos con la erudición, con unos estudios universitarios...), que nos aleja de culpabilizar y nos acerca a la comprensión, y el reduccionismo es el recurso de quien no la tiene, aunque pueda tener muchos estudios, es la actitud simplona -no sencilla- de mirar siempre hacia afuera y de culpar de todo lo que no me gusta a aquel que peor me cae. Pese a ello, entiendo que nadie hay tan ignorante o malvado que no tenga algo de verdad (proposicional) en sus afirmaciones.
Criticar no es culpabilizar, ni despreciar, ni minusvalorar, ni insultar... y no olvidemos que la crítica conlleva en sí misma el riesgo de que lo que se dice sea verdadero o erróneo, a la vez que nos exige una seria preparación tanto intelectual como moral. No soy árbrito de nadie, sólo expongo mi pensamiento.
José A. Carmona Brea
José A. Carmona Brea
martes, 1 de febrero de 2011
UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA AVANZADA
En el Preámbulo de nuestra Constitución hay objetivos y aspectos que aún no están plenamente conseguidos. Puede ser oportuno hacer una reflexión sobre el grado de cumplimiento en la consecución de estos objetivos y las acciones que serían necesarias emprender para aproximarnos al objetivo concreto fundamental: "Establecer una sociedad democrática avanzada". Es verdad que hace unos años se experimentó un avance importante en el orden económico, pero no se pusieron los pilares adecuados para que ese progreso hubiera sido socialmente justo y duradero y las consecuencias se están pagando ahora. Hay quiénes dicen que en los años de bonanza empezamos a vivir por encima de nuestras posibilidades y, sin darnos cuenta o a sabiendas, nos lanzamos a disfrutar con más posibilidades de bienestar que las que realmente teníamos. Tal vez se olvidó que la cultura y la economía han de asegurar a todos una calidad de vida digna. ¿Abandonamos la cultura y creímos que con sólo la economía podíamos progresar? ¿Progresar hacia dónde?
Ahora hemos de preguntarnos si toda la sociedad ha colaborado realmente tanto en ese falso bienestar, callándonos a la hora de participar en la apropiación de regalos propagandísticos que nunca debieron ofrecernos ni pertenecernos como en dormir plácidamente en el silencio cómplice de la injusticia. El fortalecimiento de las relaciones pacíficas depende de la participación de todos. Me decía un amigo que no podemos permitirnos ahora mirar si todos los poderes públicos promueven las condiciones para que sean reales y efectivas la libertad y la igualdad y el bienestar para todos Ha llegado el momento, me decía, de arrimar el hombro para que haya bienestar para todos. Tal vez más que nunca sea necesario establecer un marco de prioridades y relaciones entre los valores superiores que propugna la Constitución: la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Aunque pretender conciliar estos valores presenta complejos problemas, máxime en estos momentos difíciles por el paro.
Sin embargo, hay que jerarquizar esos valores y parece lógico que el primer principio que debe presidir la acción política ha de ir encaminado a proporcionar el marco más amplio posible de igual libertad para todos, hasta donde sea compatible la de cada individuo con la libertad y los derechos de los otros..
El segundo principio debe garantizar la existencia real de igualdad de oportunidades de manera que las desigualdades sociales, económicas y culturales que puedan darse sólo sean debidas al esfuerzo y mérito desarrollados por cada individuo.
El tercer principio debe exigir que la riqueza producida en la sociedad contribuya a mejorar la calidad de vida de los menos favorecidos. Las desigualdades sociales y económicas que existan en la sociedad, deben ser reducidas o corregidas mediante la intervención directa o indirecta de los poderes públicos.
Lo anterior lleva a fijar como primer objetivo de una sociedad democrática avanzada el desarrollo más pleno posible de las libertades; y como segundo, la liberación de las desigualdades injustas. Esto quiere decir que hay que promover la igualdad de oportunidades y garantizar un mínimo social adecuado a la dignidad de la persona.
Si pretendemos conseguir "ir a más" hemos de recordar que "progresista" no lo es todo el que lo dice, sino que progresista es aquel que contribuye a que haya más libertad, a que los derechos humanos estén mejor garantizados y sean más efectivos, a que las instituciones sean más democráticas y participativas, a que el pluralismo se desarrolle, a que el poder esté más distribuido y descentralizado, y a que la igualdad de oportunidades y el bienestar social estén cada vez más universal e íntegramente asegurados, sin privilegios.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
Ahora hemos de preguntarnos si toda la sociedad ha colaborado realmente tanto en ese falso bienestar, callándonos a la hora de participar en la apropiación de regalos propagandísticos que nunca debieron ofrecernos ni pertenecernos como en dormir plácidamente en el silencio cómplice de la injusticia. El fortalecimiento de las relaciones pacíficas depende de la participación de todos. Me decía un amigo que no podemos permitirnos ahora mirar si todos los poderes públicos promueven las condiciones para que sean reales y efectivas la libertad y la igualdad y el bienestar para todos Ha llegado el momento, me decía, de arrimar el hombro para que haya bienestar para todos. Tal vez más que nunca sea necesario establecer un marco de prioridades y relaciones entre los valores superiores que propugna la Constitución: la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Aunque pretender conciliar estos valores presenta complejos problemas, máxime en estos momentos difíciles por el paro.
Sin embargo, hay que jerarquizar esos valores y parece lógico que el primer principio que debe presidir la acción política ha de ir encaminado a proporcionar el marco más amplio posible de igual libertad para todos, hasta donde sea compatible la de cada individuo con la libertad y los derechos de los otros..
El segundo principio debe garantizar la existencia real de igualdad de oportunidades de manera que las desigualdades sociales, económicas y culturales que puedan darse sólo sean debidas al esfuerzo y mérito desarrollados por cada individuo.
El tercer principio debe exigir que la riqueza producida en la sociedad contribuya a mejorar la calidad de vida de los menos favorecidos. Las desigualdades sociales y económicas que existan en la sociedad, deben ser reducidas o corregidas mediante la intervención directa o indirecta de los poderes públicos.
Lo anterior lleva a fijar como primer objetivo de una sociedad democrática avanzada el desarrollo más pleno posible de las libertades; y como segundo, la liberación de las desigualdades injustas. Esto quiere decir que hay que promover la igualdad de oportunidades y garantizar un mínimo social adecuado a la dignidad de la persona.
Si pretendemos conseguir "ir a más" hemos de recordar que "progresista" no lo es todo el que lo dice, sino que progresista es aquel que contribuye a que haya más libertad, a que los derechos humanos estén mejor garantizados y sean más efectivos, a que las instituciones sean más democráticas y participativas, a que el pluralismo se desarrolle, a que el poder esté más distribuido y descentralizado, y a que la igualdad de oportunidades y el bienestar social estén cada vez más universal e íntegramente asegurados, sin privilegios.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
jueves, 27 de enero de 2011
Estrés laboral en la erosión del sistema educativo.
Eva Lambrechts Encinar
Se ha definido el malestar docente como la sensación que experimenta un docente en un momento determinado de su vida laboral, donde se auto percibe falto de los recursos personales necesarios para afrontar el ejercicio de la profesión de manera adecuada a los requerimientos del contexto, lo cual puede derivar en cuadros de ansiedad, desmotivación, confusión mental, indiferencia, apatía, etc.
La idea de educación se ha ido expandiendo y abriendo con el paso del tiempo. Lo que se consideraba como algo realizable sólo en la escuela, ha pasado a ser acontecimiento habitual en cualquier rincón de nuestra sociedad. Se ha llegado a hablar, por tanto, de sociedad educativa e, incluso, cuando se consideraba a la misma, a la educación y a la escuela como fuente de todo tipo de males, llegaba a hablarse de desescolarización de la sociedad. Igualmente sucede con los agentes educativos: de padres a maestros, de éstos al grupo de amigos y de éste a las relaciones laborales.
Paralelo a este proceso se ha ido fraguando una nueva crisis, al parecer sin precedentes en la historia de la educación, cuyo principal indicador es la crítica generalizada de nuestra sociedad sobre el sistema de enseñanza, puesto en cuestión desde los más diversos frentes, con mejores o peores argumentos.
Las consecuencias no se han hecho esperar y, de una manera generalizada en muchos países, podemos observar una notable caída de la imagen social de los profesores. De forma tal vez paradójica son los profesores los que han sufrido las consecuencias más negativas de los éxitos obtenidos por el sistema escolar a través de los años y por la aplicación de sus múltiples reformas. Los profesores han perdido el respeto y el apoyo social que constituían su retribución social más gratificante, ante la clara evidencia de que los salarios no eran ninguna fuente de alegría para los mismos.
La cuestión es del todo pertinente porque una de las consecuencias de este derrumbe de su imagen tiene que ver con la aparición de una nueva realidad: el malestar docente, el estrés del docente en un marco general de estrés laboral fundamental para comprender una parte de los problemas que aquejan al sistema educativo.
Un elemento parece destacar en este proceso: el fin del consenso en educación, cosa que venimos arrastrando por lo menos desde mitad de la década de los setenta. Hasta entonces la sociedad creía singularmente en la educación. Socialmente se pensaba en ella como la única en promover la movilidad y una mayor igualdad entre las personas. Tal vez se fabricaron unas expectativas desmesuradas sobre el poder de la educación, cosa que también ocurre hoy, hasta darnos cuenta que con el tipo de educación de hoy, que es francamente mejorable, desde sus paradigmas hasta sus medios, esto tal vez no sea posible.
Desde luego hoy estamos frente a una serie de factores que han determinado el cambio: aumento de las exigencias sobre el profesor, inhibición educativa de otros agentes de socialización, desarrollo de fuentes de información alternativas a la escuela, ruptura del consenso social sobre la educación, aumento de las contradicciones en el ejercicio de la docencia, cambio de expectativas respecto al sistema educativo, modificación del apoyo de la sociedad al sistema educativo, descenso de la valoración social del profesor, cambios en los contenidos curriculares, escasez de recursos materiales y deficientes condiciones de trabajo, cambios en las relaciones profesor-alumno, fragmentación del trabajo del profesor.
Por otro lado, echando una mirada a los variados estudios sobre el malestar docente, tenemos que las fuentes de estrés que los profesores consideran más importantes son:
• La cantidad de trabajo que les "sobrepasa", ya sea por falta de tiempo o de exceso de tareas.
• La sobrecarga de tipo emocional.
• Ambigüedad en el que el profesor no tiene claro cuál es su rol como docente, qué se espera de él por parte de la escuela, los alumnos, los padres y la sociedad en general.
• Conflicto de rol o grado en el que el profesor percibe instrucciones contradictorias respecto a cuáles son sus cometidos laborales.
• Falta de apoyo social por parte de compañeros y escuela.
• Falta de coordinación para el trabajo en equipo.
• Desmotivación, apatía e indisciplina por parte de los alumnos.
• Obstáculos técnicos como problemas en el material didáctico y fallos y/o averías en la infraestructura y/o instalaciones.
El estudio a fondo de este problema nos lleva a determinar la posibilidad de soluciones a través de las llamadas vías de afrontamiento, las cuales pueden ser personales e institucionales, sin olvidar el carácter preventivo que debe tener todo afrontamiento de este tipo de problemas. Por situar un simple ejemplo final sobre las estrategias de afrontamiento, cabe comentar que las estrategias personales, que son las que puede poner en marcha el profesional en cuestión, tenemos las conductuales (desarrollo de habilidades de gestión del aula) y las mentales (autocontrol emocional, reestructuración cognitiva y la autoestima).
No cabe duda, de cualquier forma, que el escenario actual en el que desempeñan su labor estos profesionales reclama medidas personales e institucionales para afrontar uno de los problemas que más está erosionando el sistema educativo, su calidad y su futuro.
Un beso:eva121950@gmail.com
Se ha definido el malestar docente como la sensación que experimenta un docente en un momento determinado de su vida laboral, donde se auto percibe falto de los recursos personales necesarios para afrontar el ejercicio de la profesión de manera adecuada a los requerimientos del contexto, lo cual puede derivar en cuadros de ansiedad, desmotivación, confusión mental, indiferencia, apatía, etc.
La idea de educación se ha ido expandiendo y abriendo con el paso del tiempo. Lo que se consideraba como algo realizable sólo en la escuela, ha pasado a ser acontecimiento habitual en cualquier rincón de nuestra sociedad. Se ha llegado a hablar, por tanto, de sociedad educativa e, incluso, cuando se consideraba a la misma, a la educación y a la escuela como fuente de todo tipo de males, llegaba a hablarse de desescolarización de la sociedad. Igualmente sucede con los agentes educativos: de padres a maestros, de éstos al grupo de amigos y de éste a las relaciones laborales.
Paralelo a este proceso se ha ido fraguando una nueva crisis, al parecer sin precedentes en la historia de la educación, cuyo principal indicador es la crítica generalizada de nuestra sociedad sobre el sistema de enseñanza, puesto en cuestión desde los más diversos frentes, con mejores o peores argumentos.
Las consecuencias no se han hecho esperar y, de una manera generalizada en muchos países, podemos observar una notable caída de la imagen social de los profesores. De forma tal vez paradójica son los profesores los que han sufrido las consecuencias más negativas de los éxitos obtenidos por el sistema escolar a través de los años y por la aplicación de sus múltiples reformas. Los profesores han perdido el respeto y el apoyo social que constituían su retribución social más gratificante, ante la clara evidencia de que los salarios no eran ninguna fuente de alegría para los mismos.
La cuestión es del todo pertinente porque una de las consecuencias de este derrumbe de su imagen tiene que ver con la aparición de una nueva realidad: el malestar docente, el estrés del docente en un marco general de estrés laboral fundamental para comprender una parte de los problemas que aquejan al sistema educativo.
Un elemento parece destacar en este proceso: el fin del consenso en educación, cosa que venimos arrastrando por lo menos desde mitad de la década de los setenta. Hasta entonces la sociedad creía singularmente en la educación. Socialmente se pensaba en ella como la única en promover la movilidad y una mayor igualdad entre las personas. Tal vez se fabricaron unas expectativas desmesuradas sobre el poder de la educación, cosa que también ocurre hoy, hasta darnos cuenta que con el tipo de educación de hoy, que es francamente mejorable, desde sus paradigmas hasta sus medios, esto tal vez no sea posible.
Desde luego hoy estamos frente a una serie de factores que han determinado el cambio: aumento de las exigencias sobre el profesor, inhibición educativa de otros agentes de socialización, desarrollo de fuentes de información alternativas a la escuela, ruptura del consenso social sobre la educación, aumento de las contradicciones en el ejercicio de la docencia, cambio de expectativas respecto al sistema educativo, modificación del apoyo de la sociedad al sistema educativo, descenso de la valoración social del profesor, cambios en los contenidos curriculares, escasez de recursos materiales y deficientes condiciones de trabajo, cambios en las relaciones profesor-alumno, fragmentación del trabajo del profesor.
Por otro lado, echando una mirada a los variados estudios sobre el malestar docente, tenemos que las fuentes de estrés que los profesores consideran más importantes son:
• La cantidad de trabajo que les "sobrepasa", ya sea por falta de tiempo o de exceso de tareas.
• La sobrecarga de tipo emocional.
• Ambigüedad en el que el profesor no tiene claro cuál es su rol como docente, qué se espera de él por parte de la escuela, los alumnos, los padres y la sociedad en general.
• Conflicto de rol o grado en el que el profesor percibe instrucciones contradictorias respecto a cuáles son sus cometidos laborales.
• Falta de apoyo social por parte de compañeros y escuela.
• Falta de coordinación para el trabajo en equipo.
• Desmotivación, apatía e indisciplina por parte de los alumnos.
• Obstáculos técnicos como problemas en el material didáctico y fallos y/o averías en la infraestructura y/o instalaciones.
El estudio a fondo de este problema nos lleva a determinar la posibilidad de soluciones a través de las llamadas vías de afrontamiento, las cuales pueden ser personales e institucionales, sin olvidar el carácter preventivo que debe tener todo afrontamiento de este tipo de problemas. Por situar un simple ejemplo final sobre las estrategias de afrontamiento, cabe comentar que las estrategias personales, que son las que puede poner en marcha el profesional en cuestión, tenemos las conductuales (desarrollo de habilidades de gestión del aula) y las mentales (autocontrol emocional, reestructuración cognitiva y la autoestima).
No cabe duda, de cualquier forma, que el escenario actual en el que desempeñan su labor estos profesionales reclama medidas personales e institucionales para afrontar uno de los problemas que más está erosionando el sistema educativo, su calidad y su futuro.
Un beso:eva121950@gmail.com
lunes, 24 de enero de 2011
DEMOCRACIA Y DICTADURA ECONÓMICA
No todos los políticos son iguales. Sin embargo, se respira en la sociedad española cierto ambiente de desprestigio metiendo a todos en el mismo saco; aunque existan personas excelentes, dedicadas a la función política, entregadas de lleno al servicio de los ciudadanos.
Tal vez el factor más importante del desencanto lo constituya la sensación de que muchos políticos se entretienen en disputas inútiles, sin abordan los verdaderos problemas de la sociedad, como son el paro, la vivienda y todos aquellos asuntos que son vitales. Parece que a bastantes políticos lo que les preocupa es mantenerse en el poder o conseguirlo, sea como sea.
Motivos más que suficientes se han dado para que hablar de políticos suene a corrupción. Se ha extendido la cultura del “pelotazo” fruto del egoísmo y el deseo de conseguir dinero fácil. Por desgracia, en vez de rechazo a la corrupción, a veces suscita envidia porque quiénes tenían dificultad para llegar a final de mes, al meterse en política han llegado a disfrutar de sueldos y prebendas que nunca hubieran alcanzado de otra manera.
Entre el deseo del poder y la búsqueda de dinero fácil hemos entrado en una dinámica de luchas dentro de los mismos partidos que alejan su acción de lo que realmente les atribuye la Constitución Española en su artículo sexto. La verdad de la justificación del poder político está en buscar, en primer lugar, la justicia, librar al pobre de su pobreza, atender a las necesidades sociales y servir con dedicación para que la sociedad sea más justa, solidaria y humana.
La salida de la crisis seguirá estancada mientras se centren las medidas en la desestabilización del estado de bienestar. La palabra crisis está sirviendo, en la mayoría de los casos, para reducir puestos de trabajo en las empresas y aumentar la inseguridad laboral y la precariedad del empleo. Todas las reformas laborales que se han hecho en España han disminuido los derechos de los trabajadores y afecta negativamente a los más débiles.
Todo lo anterior nos lleva a pensar que nos estamos desenvolviendo bajo un sistema económico cuya rentabilidad se consigue mediante la injusticia de favorecer a los más poderosos a costa del sufrimiento de los más débiles. Se da, por tanto, el crecimiento de fortunas de unos pocos y el crecimiento de mayor número de pobres y desilusionados.
Las situaciones injustas son mechas propicias para encenderse y manifestarse en el malestar ciudadano y, al mismo tiempo, en la desconfianza de los políticos que por el pánico a perder el poder se afanan en dar leyes recortando libertades.
Toda esta situación que genera inestabilidad tiene nombre y rostro aunque pueda ser peligroso decir que son los bancos y los mercados. La economía con sus bancos y los mercados son los que ponen y quitan gobiernos.
Las políticas a seguir por los gobernantes las dictan los poderes fácticos en nombre precisamente de lo que ellos denominan libertad que es la única que ellos imponen. Con ello, lo que todavía llamamos los ciudadanos “democracia política” va perdiendo sentido al ser dominada por la dictadura económica. Las palabras “mercados” y “bancos” han dejado de ser entes abstractos y son personas con rostros concretos aunque escondidos bajo esas palabras.
A pesar de las grandes dificultades, cada vez hay más personas que van tomando conciencia y luchan en todas las facetas de nuestra sociedad para poner los cimientos de una realidad distinta en la que sea la persona humana el centro sobre el que giren los esfuerzos para que los recursos y riquezas sean compartidos bajo el prisma de la justicia.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
Tal vez el factor más importante del desencanto lo constituya la sensación de que muchos políticos se entretienen en disputas inútiles, sin abordan los verdaderos problemas de la sociedad, como son el paro, la vivienda y todos aquellos asuntos que son vitales. Parece que a bastantes políticos lo que les preocupa es mantenerse en el poder o conseguirlo, sea como sea.
Motivos más que suficientes se han dado para que hablar de políticos suene a corrupción. Se ha extendido la cultura del “pelotazo” fruto del egoísmo y el deseo de conseguir dinero fácil. Por desgracia, en vez de rechazo a la corrupción, a veces suscita envidia porque quiénes tenían dificultad para llegar a final de mes, al meterse en política han llegado a disfrutar de sueldos y prebendas que nunca hubieran alcanzado de otra manera.
Entre el deseo del poder y la búsqueda de dinero fácil hemos entrado en una dinámica de luchas dentro de los mismos partidos que alejan su acción de lo que realmente les atribuye la Constitución Española en su artículo sexto. La verdad de la justificación del poder político está en buscar, en primer lugar, la justicia, librar al pobre de su pobreza, atender a las necesidades sociales y servir con dedicación para que la sociedad sea más justa, solidaria y humana.
La salida de la crisis seguirá estancada mientras se centren las medidas en la desestabilización del estado de bienestar. La palabra crisis está sirviendo, en la mayoría de los casos, para reducir puestos de trabajo en las empresas y aumentar la inseguridad laboral y la precariedad del empleo. Todas las reformas laborales que se han hecho en España han disminuido los derechos de los trabajadores y afecta negativamente a los más débiles.
Todo lo anterior nos lleva a pensar que nos estamos desenvolviendo bajo un sistema económico cuya rentabilidad se consigue mediante la injusticia de favorecer a los más poderosos a costa del sufrimiento de los más débiles. Se da, por tanto, el crecimiento de fortunas de unos pocos y el crecimiento de mayor número de pobres y desilusionados.
Las situaciones injustas son mechas propicias para encenderse y manifestarse en el malestar ciudadano y, al mismo tiempo, en la desconfianza de los políticos que por el pánico a perder el poder se afanan en dar leyes recortando libertades.
Toda esta situación que genera inestabilidad tiene nombre y rostro aunque pueda ser peligroso decir que son los bancos y los mercados. La economía con sus bancos y los mercados son los que ponen y quitan gobiernos.
Las políticas a seguir por los gobernantes las dictan los poderes fácticos en nombre precisamente de lo que ellos denominan libertad que es la única que ellos imponen. Con ello, lo que todavía llamamos los ciudadanos “democracia política” va perdiendo sentido al ser dominada por la dictadura económica. Las palabras “mercados” y “bancos” han dejado de ser entes abstractos y son personas con rostros concretos aunque escondidos bajo esas palabras.
A pesar de las grandes dificultades, cada vez hay más personas que van tomando conciencia y luchan en todas las facetas de nuestra sociedad para poner los cimientos de una realidad distinta en la que sea la persona humana el centro sobre el que giren los esfuerzos para que los recursos y riquezas sean compartidos bajo el prisma de la justicia.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com
sábado, 8 de enero de 2011
LA ILUSIÓN “DE REYES MAGOS”
Aún recuerdo mis “Primeros Reyes”. Todo ser humano necesita caricias e ilusión para vivir. En los momentos actuales, tal vez más que nunca, habría que reavivar la alegría y la ilusión para que nuestra sociedad despierte del letargo de cierta desesperanza que la amenaza.
Navidad y Reyes van muy unidos. Navidad, amor y solidaridad; Reyes, apertura y búsqueda. ¡Qué más da que fueran Reyes o Magos! ¡Que fueran tres o cuatro o que fueran hombres o mujeres! No es el momento de hacer una exégesis profunda de los textos bíblicos que hablan de los Reyes Magos. Mateo nos habla de Magos de Oriente y Lucas se limita a decir “unos pastores”.
La experiencia nos dice que de los personajes que pasan a la historia lo último que se escribe de ellos es su infancia. A la infancia de Jesús de Nazaret se le denomina “vida oculta de Jesús”. Será en el Jordán y en la lectura del texto de Isaías en la Sinagoga cuando se manifieste públicamente su misión. Al terminar la lectura de Isaías proclama Jesús con solemnidad:” Hoy se cumplen en Mí estas Escrituras”.
La festividad de los Reyes Magos, la Epifanía, nos trae un mensaje clarividente: “Dios se hace hombre no sólo para Israel, sino también para todos los pueblos y naciones”. ¡Esto es una Buena Noticia!, Buena Noticia, como se le llama al “Evangelio”, el anuncio de la Liberación.
Recuerdo con cariño, sin nostalgia, la noche del cinco de Enero, el despertar de la temprana mañana del día seis y mi primer regalo, que fue un pequeño caballito de cartón, decorado con suaves lunares grises y blancos. Al año siguiente, la noche de Reyes volvería a aparecer, entre los regalos, el mismo caballito, aunque de distintos colores, cargado de nuevas ilusiones y sentimientos compartidos.
Nunca quise desvelar la “verdad” del sueño de los Reyes Magos. Los años pasaban, pero personal y libremente me negaba a convencerme de la intervención directa o indirecta de mis padres en este mundo mágico lleno de alegrías y fantasías con que se presentaba cada víspera de Reyes. También en aquel 1952 pensé que serían unos Reyes distintos. Ella, desde el Cielo, influiría de manera especial para que mis ilusiones revivieran y, de alguna manera, llenaran el vacío que dejó la muerte de mi madre.
Ante la víspera de Reyes del año 2011 me preocupa ahora ver en grandes establecimientos a padres, madres y familiares que, juntos con sus pequeños, averiguan los precios de los juguetes y la conveniencia o no de comprar uno u otro. Después de la compra, son los mismos niños los que cargan con los regalos envueltos, pero sabiendo ya el contenido vacío de ilusión futura. Matar ilusiones infantiles en nada favorece el desarrollo de la personalidad y sí introduce en el consumo mercantilista.
Conviene profundizar cada vez más en la necesidad que tiene el ser humano de recibir caricias y estímulos para tener ilusión de vivir. La falta de reconocimiento afectivo lleva al desencanto, a la envidia, a la agresividad, a la pérdida del sentido de la vida, al absurdo y hasta a la muerte.
Especialista en psicología y sociología están defendiendo que se hace absolutamente necesario estimular la imaginación y la fantasía con resortes positivos para llegar a llenar, lo más posible, la autoestima necesaria para el desarrollo como persona libre. Es obligación de los padres no sólo procurar el alimento, el vestido y la educación cultural y social, sino sobre todo favorecer y estimular las ilusiones y autoestima de sus hijos para que sean buenos ciudadanos comprometidos y libres.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com.
Navidad y Reyes van muy unidos. Navidad, amor y solidaridad; Reyes, apertura y búsqueda. ¡Qué más da que fueran Reyes o Magos! ¡Que fueran tres o cuatro o que fueran hombres o mujeres! No es el momento de hacer una exégesis profunda de los textos bíblicos que hablan de los Reyes Magos. Mateo nos habla de Magos de Oriente y Lucas se limita a decir “unos pastores”.
La experiencia nos dice que de los personajes que pasan a la historia lo último que se escribe de ellos es su infancia. A la infancia de Jesús de Nazaret se le denomina “vida oculta de Jesús”. Será en el Jordán y en la lectura del texto de Isaías en la Sinagoga cuando se manifieste públicamente su misión. Al terminar la lectura de Isaías proclama Jesús con solemnidad:” Hoy se cumplen en Mí estas Escrituras”.
La festividad de los Reyes Magos, la Epifanía, nos trae un mensaje clarividente: “Dios se hace hombre no sólo para Israel, sino también para todos los pueblos y naciones”. ¡Esto es una Buena Noticia!, Buena Noticia, como se le llama al “Evangelio”, el anuncio de la Liberación.
Recuerdo con cariño, sin nostalgia, la noche del cinco de Enero, el despertar de la temprana mañana del día seis y mi primer regalo, que fue un pequeño caballito de cartón, decorado con suaves lunares grises y blancos. Al año siguiente, la noche de Reyes volvería a aparecer, entre los regalos, el mismo caballito, aunque de distintos colores, cargado de nuevas ilusiones y sentimientos compartidos.
Nunca quise desvelar la “verdad” del sueño de los Reyes Magos. Los años pasaban, pero personal y libremente me negaba a convencerme de la intervención directa o indirecta de mis padres en este mundo mágico lleno de alegrías y fantasías con que se presentaba cada víspera de Reyes. También en aquel 1952 pensé que serían unos Reyes distintos. Ella, desde el Cielo, influiría de manera especial para que mis ilusiones revivieran y, de alguna manera, llenaran el vacío que dejó la muerte de mi madre.
Ante la víspera de Reyes del año 2011 me preocupa ahora ver en grandes establecimientos a padres, madres y familiares que, juntos con sus pequeños, averiguan los precios de los juguetes y la conveniencia o no de comprar uno u otro. Después de la compra, son los mismos niños los que cargan con los regalos envueltos, pero sabiendo ya el contenido vacío de ilusión futura. Matar ilusiones infantiles en nada favorece el desarrollo de la personalidad y sí introduce en el consumo mercantilista.
Conviene profundizar cada vez más en la necesidad que tiene el ser humano de recibir caricias y estímulos para tener ilusión de vivir. La falta de reconocimiento afectivo lleva al desencanto, a la envidia, a la agresividad, a la pérdida del sentido de la vida, al absurdo y hasta a la muerte.
Especialista en psicología y sociología están defendiendo que se hace absolutamente necesario estimular la imaginación y la fantasía con resortes positivos para llegar a llenar, lo más posible, la autoestima necesaria para el desarrollo como persona libre. Es obligación de los padres no sólo procurar el alimento, el vestido y la educación cultural y social, sino sobre todo favorecer y estimular las ilusiones y autoestima de sus hijos para que sean buenos ciudadanos comprometidos y libres.
Juan de Dios Regordán Domínguez
juandediosrd@hotmail.com.
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